Entrevista:O Estado inteligente

domingo, maio 15, 2011

La Presidenta contra Moyano: ¿"acción" o "actuación"? Mariano Grondona

La Nacion
Domingo 15 de mayo de 2011 |

EL Diccionario de la Real Academia Española define la acción diciendo
que es "el ejercicio de la posibilidad de hacer". El titular de una
acción escoge, por lo visto, una de "las posibilidades de hacer" que
se le ofrecen. El verbo que corresponde al sustantivo "acción" es
accionar , un verbo poco elegante aunque ilustrativo. Hay un segundo
verbo vinculado, empero, con el sustantivo "acción", que es el verbo
actuar . El problema es que "actuar" tiene un sentido ambivalente
porque, si bien la actuación es de un lado idéntica a la "acción", del
otro lado también quiere decir, según el Diccionario , "interpretar un
papel, ya sea teatral o cinematográfico". ¿Qué hizo, entonces,
Cristina en el discurso televisado del último jueves cuando, después
de mostrarse irritada y hasta alterada por las presiones que, sin
nombrarlo, atribuyó a Hugo Moyano, llegó a poner en duda su propia
postulación para la carrera presidencial? Lo suyo, ¿fue el comienzo de
una "acción" para vencer efectivamente al líder sindical o fue el
despliegue de una elaborada "actuación" para convencer a aquellos que
lo detestan de que ha partido en guerra contra él pese a que en el
fondo quiere "contenerlo" pero no derrotarlo? Cristina, en definitiva,
"acciona" o sólo "actúa" frente a Moyano?
Esta pregunta no parece inoportuna porque la actividad política es en
parte una acción práctica para obtener o conservar el poder y en parte
una actuación teatral para conmover a la audiencia que no siempre
coincide, por otra parte, con la intención práctica porque a veces
sirve para disimularla. ¿Adónde ubicaremos, entonces, a la Presidenta
entre los dos cuernos de este dilema? ¿Está atacando de veras a Hugo
Moyano, o sólo hace como si lo atacara?
Esta pregunta divide a los observadores. Según algunos de ellos, lo
que ha hecho Cristina es ejecutar los primeros compases de un
verdadero crescendo cuya culminación podría ser, del lado de Moyano,
el aumento exponencial de las acciones directas del sindicalismo en
las calles hasta obtener la "rendición" de Cristina ante las
pretensiones de poder de Moyano, cuyo objetivo sería obtener la
candidatura vicepresidencial al lado de Cristina, quizá para Héctor
Recalde, y una candidatura a gobernador distinta de la de Daniel
Scioli en la provincia de Buenos Aires, quizá para Sergio Massa, o, al
menos, la candidatura a vicegobernador de un representante sindical al
lado de Scioli. Del lado de Cristina, según esta tesis del crescendo ,
el objetivo máximo sería derrotar a Moyano hasta llegar, a lo mejor,
hasta su prisión, a cargo, por supuesto, de Norberto Oyarbide.
Esta es la interpretación que sugieren los maximalistas del conflicto
entre Cristina y Moyano, en tanto que los minimalistas sugieren que
sólo estamos asistiendo a un verdadero teatro político destinado a
exaltar finalmente a Cristina, a la que terminarían por apoyar, cada
uno desde su lugar, no sólo los incondicionales "cristinistas", sino,
incluso, el propio Moyano.
Los argumentos
El principal argumento de los "maximalistas" es que las amenazas,
veladas o no, que se insinúan desde los dos bandos de la
"conflictividad" intrakirchnerista son demasiado inquietantes como
para descartarlas. Del lado de Moyano asoma el posible control
sindical de las calles, una amenaza imposible de minimizar mientras
subsista la "regla de oro" que fijó Néstor Kirchner hace ocho años,
cuando dijo que "no hay que criminalizar la protesta social", en
función de la cual no han cesado de multiplicarse los cortes de rutas
y de calles y las tomas de estaciones y aeropuertos que los ciudadanos
soportan a diario.
Del lado de Cristina, sólo hace falta imaginar el caos en que podría
caer el kirchnerismo si ella abandonara su pretensión reeleccionista,
en cuyo caso el desorden que hoy vive la oposición sería sólo un juego
de niños al lado del voraz incendio que devastaría al oficialismo,
cuando todavía está tibio el recuerdo de la matanza de Ezeiza de 1973,
cuando se enfrentaron el ala sindical y el ala montonera del
peronismo.
Es difícil imaginar en este sentido el doble caos que sobrevendría
tanto en las calles como en la propia dirigencia kirchnerista si
Moyano y Cristina ejecutaran sus respectivas amenazas, un caos en las
calles y en la política cuya sola mención pondría los nervios de punta
a los argentinos y facilitaría, de paso, las aspiraciones del
civilizado Alfonsín. Y es precisamente la sola mención de esta
imaginaria hecatombe la que refuerza el principal argumento de los
minimalistas, que no pueden creer que, en medio de un país que crece
al ocho por ciento anual, los dos contendientes kirchneristas estén
dispuestos a llegar a estos extremos.
Para los minimalistas, como los perros del caos ladran, pero no
muerden, lo más probable es que sólo estemos ante intensos ejercicios
"teatrales" de un lado y del otro porque la sangre, finalmente, no
llegará al río. Según la tesis minimalista, estamos asistiendo, en
suma, a un "ejercicio mediático" que, si sirve a cada uno de los
contendientes para presionar a su rival, sólo está destinado a mejorar
sus posiciones respectivas en la negociación que ya se ha iniciado
para saber hasta dónde los cristinistas y los moyanistas pueden
avanzar sin que ninguno de ellos tenga la intención real de romper
definitivamente su alianza, una alianza en cuyo seno, en tanto que
Cristina procura "contener" a Moyano, éste espera concretar una parte
sustancial de sus pretensiones.
Catch all
Quizá podamos esbozar una respuesta intermedia entre los maximalistas
y los minimalistas, una suerte de "diagonal" entre las visión de unos
y de otros, diciendo que el objetivo real de Cristina en esta
instancia es, simplemente, electoral . ¿Qué es lo que quiere, en
resumidas cuentas, la Presidenta? Asegurar su reelección. ¿Cuál es, en
este punto, su principal dificultad? Que además del movimiento
sindical necesita, al menos, el apoyo de una fracción de la clase
media. Pero la clase media detesta a Moyano. Para apaciguarla,
Cristina necesita entonces "actuar" como si confrontara a Moyano. Pero
esta confrontación, ¿es acaso real? Lo sería si Cristina derogara el
principio que heredó de su marido, según el cual "no hay que
criminalizar la protesta social". Hasta ahora, sin embargo, no lo ha
hecho. Su pretensión es apenas denunciar los abusos sindicales en las
calles sin apelar a la policía, que sigue protegiéndolos en vez de
limitarlos por orden de la ministra Garré.
Mientras este criterio se mantenga, no se puede tomar seriamente la
presunta confrontación entre Cristina y Moyano. ¿Bastarán las fintas
de Cristina contra Moyano para convencer a la clase media? Apoyada por
un sistema propagandístico casi hegemónico, quizá Cristina logre
seducir al menos a esa parte de la clase media que necesita para
ganar. Su táctica electoral se asemeja así a la de esos partidos que
la doctrina llama catch all ("toma todo") porque ansían recoger votos
de todos lados, tanto de la clase popular como de la clase media.
La re-reelección
La táctica kirchnerista del poder, el "toma todo", no deja de apuntar
por eso a lo que siempre quiso el matrimonio Kirchner: la obtención
del poder total por todo el tiempo.
Algunos ven en tal sentido el reciente plebiscito convocado por José
Luis Gioja en la provincia de San Juan para obtener su propia
re-reelección como un globo de ensayo de lo que podría ocurrir al día
siguiente del 23 de octubre de ganar Cristina, si ésta llamara de
inmediato a una consulta popular para forzar su continuidad más allá
de los plazos que permite la Constitución, más allá de 2015 y hasta el
fin de sus tiempos.

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