Entrevista:O Estado inteligente

domingo, outubro 03, 2010

JOAQUÍN MORALES SOLÁ Históricas rupturas del kirchnerismo

LA NACION

Una intuición amarga se abatió sobre Néstor Kirchner: no volverá a ser
presidente. Abandonado por gran parte de los intendentes del
conurbano, si no por casi todos, sepultó al mismo tiempo cualquier
expectativa de seducción a los sectores medios de la sociedad.
Ratificó genio y figura. ¿Se pueden ganar elecciones nacionales en la
Argentina sin el Gran Buenos Aires y sin la clase media?
Definitivamente, no. Aquella percepción fatídica explica, de algún
modo, muchas cosas que sucedieron en los últimos días.
Explica, más que nada, la decisión de abrazarse con obsesión a los
sectores y a las figuras más resistidas por la sociedad. Está
escribiendo también la historia del día después, cuando esas alianzas
y esos ímpetus falsamente revolucionarios servirán de pretexto para
justificar el adiós. Amigos entrañables que han frecuentado en días
recientes al ex presidente suelen contar tales intuiciones y
mutaciones en Kirchner, a partir de escucharle palabras sueltas o
frases cargadas de rencor y resentimiento. Se terminó el político que
crispaba para terminar negociando, el líder con sensores especiales
para establecer dónde estaba la pared con la que nunca chocaría.
Su percepción es homologada, involuntariamente, por importantes
intendentes del conurbano. Nuestra opción es Duhalde o Scioli.
Kirchner no figura ni figurará , dijo uno de ellos, directo y brutal.
Duhalde nunca cortó con los intendentes; muchos de ellos crecieron
bajo su sombra y lo siguen llamando "presidente" o "jefe".
Scioli empezó a dar vueltas con frecuencia por los municipios
peronistas más distanciados del kirchnerismo. En los últimos 15 días
estuvo tres veces en Malvinas Argentinas, cuyo intendente, Jesús
Cariglino, integra el denominado "Grupo de los 8", el núcleo de ocho
intendentes justicialistas que se apartaron del kirchnerismo. Ellos
serán, dicen, los que abrirán la puerta para la fuga masiva de los
barones del conurbano. El conurbano ha roto con Kirchner, pero él
todavía no se ha dado cuenta , resume, irónico, uno de esos caudillos.
La inseguridad golpea sobre los intendentes y sus territorios; ellos
culpan del flagelo a la insoportable inacción de los Kirchner. La
muerte injusta e inhumana del joven Matías Berardi, en Campana,
escandalizó a un país ya con más temores que ilusiones.
Hebe de Bonafini no estuvo sola para espantar a la clase media. El
acto kirchnerista en la plaza frente a los tribunales estuvo precedido
por la ofensiva pública más dura que se haya hecho contra una Corte
Suprema desde 1983. Una sociedad ostensiblemente asustada,
visiblemente molesta, era el resultado obvio de una concentración
puesta en manos de Hugo Moyano, de Luis D´Elía y de Bonafini. El
argumento oficial de que el acto se desmadró, sin que ésa fuera la
intención oficial, no carece de hipocresía.
¿Podía esperarse un espectáculo mejor de un evento organizado por
Moyano, D´Elía y Bonafini? Pudo ser peor. La cúpula organizadora
debatió previamente la conveniencia de una "toma simbólica" del
palacio donde están los jueces supremos del país. Dicen que un
dirigente gremial, que no es Moyano ni Julio Piumato, logró frenar esa
idea loca que podía terminar en una ordalía de humo y saqueo. Importa
poco si la intención final del kirchnerismo fue esa ceremonia llena de
provocaciones y de coacciones. Sobresale, sí, que los jueces del
máximo tribunal del país están convencidos de que ése fue el proyecto
original del Gobierno.
Un discurso digno de Goebbels se apoderó de los voceros del poder y
del poder mismo. Es ciertamente injusto decir que la actual Corte
Suprema es un tribunal de la dictadura, como lanzó Bonafini. La
cuestión de los derechos humanos es la única que no provocó roces
entre la Corte y el Poder Ejecutivo, quizá porque existe una
coincidencia casual entre ellos, pero coincidencia al fin. ¿Carmen
Argibay no estuvo acaso ocho meses presa durante la dictadura,
experiencia dramática que nunca atravesó el matrimonio presidencial?
¿Juan Carlos Maqueda no fue echado por los militares de un puesto
insignificante en los tribunales de Córdoba? ¿Carlos Fayt no fue
abogado de víctimas en su condición de presidente de lo que era
entonces la Asociación de Abogados? Todas esas cosas sucedieron
mientras los Kirchner no hacían nada.
Hubo disidencias ideológicas, en el mundo político y en el judicial,
con la actual Corte. Nunca, sin embargo, nadie, ni sus adversarios más
acérrimos, acusaron a esos jueces de corrupción como lo hizo, muy
campante, Bonafini.
La marcha fue convocada, incluso, en nombre de la "vigencia de la ley
de medios". La ley de medios está vigente por decisión de esta Corte,
salvo un plazo estipulado en un solo artículo. Sucede que el plazo y
el artículo son la columna vertebral del plan kirchnerista: sacarles
una parte importante de los medios a sus actuales propietarios antes
de que avance el fin del kirchnerismo. Destacados funcionarios
aseguran que el Gobierno no se preocupó hasta ahora por ningún otro
artículo de los muchos vigentes de la nueva ley de medios.
Pero ¿es sólo Bonafini la que insistió con su boca suelta? Más grave
que sus palabras, si se las mira desde el punto de vista
institucional, fueron las expresiones del jefe de Gabinete, Aníbal
Fernández, la segunda figura del Poder Ejecutivo, que llamó a los
jueces supremos "mentirosos con oficio". Más peligroso fue también el
concepto de Néstor Kirchner, cuando ninguneó las medidas cautelares de
la Justicia y, sobre todo, las de la Corte. El cautelar "no innovar"
de la Justicia es un recurso para preservar las garantías
constitucionales de las personas cuando entrevé que ellas pueden ser
dañadas. Bonafini no fue la peor, aunque sus palabras hayan sido las
peores.
Todo eso sucedió por algo que aún no sucedió. ¿Qué pasará cuando la
Corte Suprema de Justicia formalice su rechazo al pedido del Gobierno
para que levante una medida cautelar sobre ese artículo crucial de la
ley de medios? Las presiones no nos apuran ni nos retrasan; para
nosotros no pasó nada , describió un juez de la Corte. No pasó nada en
la formalidad, pero sí les golpeó el espíritu a jueces que han llevado
la Corte a su mayor momento de prestigio desde los años 80.
Resulta difícil imaginar cómo será el país durante un año más con la
carga de violencia verbal de los últimos días. Antes de la caída,
Kirchner decidió ser más Kirchner que nunca. No se explica de otra
manera que haya decidido darle categoría de refugiado político al ex
guerrillero chileno Galvarino Apablaza, autor de un crimen y de un
secuestro cuando la democracia gobernaba Chile. Tal vez Kirchner creyó
que la Corte Suprema negaría la extradición de Apablaza, pero los
jueces no encontraron ningún argumento para protegerlo en la Argentina
de la legítima persecución judicial en su país.
Aníbal Fernández descerrajó el conflicto cuando hace poco dijo
públicamente que ese caso no era responsabilidad del Gobierno, sino de
la Corte. Hacía cuatro años que la Corte le preguntaba al Ejecutivo si
Apablaza tenía o no estatus de refugiado político. Nunca se le
contestó. Los jueces escucharon o leyeron a Fernández y en el acto se
pusieron a trabajar en el dictamen que autorizó la extradición del ex
guerrillero a Chile. La decisión de ahora significará en los hechos
una tensión persistente e innecesaria entre los gobiernos de Buenos
Aires y de Santiago.
Una consecuencia sugestiva es que la oposición argentina está tan
enojada, por el caso Apablaza, como los líderes chilenos. El
kirchnerismo terminó solo otra vez. El refugio político sólo se
justifica cuando el país que reclama a una persona no puede garantizar
un juicio justo. ¿Es eso lo que los Kirchner piensan de Chile?
Es probable que ni siquiera piensen así. La decisión política de fondo
se explica, como otras decisiones recientes, en una cierta
resignación: consolidar el módico núcleo duro del kirchnerismo para
luchar por una causa ya perdida.

MARIANO GRONDONA Con Laclau y Bonafini ya no hay "partido K" sino "secta K"

La Nacion

El lunes último LA NACION publicó un artículo de Beatriz Sarlo
titulado "Los gurúes de los Kirchner", gracias al cual es posible
descifrar la ideología del matrimonio gobernante. Para desnudarla,
Sarlo presentó en su artículo las ideas de esa otra pareja matrimonial
que forman Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, cuya influencia sobre el
matrimonio Kirchner, a estas alturas de los acontecimientos, ya
resulta innegable. Los profesores Laclau y Mouffe han escrito varios
libros inspirados en Carl Schmitt (1888-1985), un pensador alemán que
algunos consideran "maldito" no sólo porque fue de extrema derecha
sino también porque se acercó peligrosamente al nazismo en los años
treinta. La tesis central de Schmitt es que la vida política, lejos de
albergar el diálogo y la convivencia democrática, profundiza la
relación amigo-enemigo a un punto tal que lo único que cuenta en ella
es vencer si no se quiere ser vencido, es someter para no ser
sometido.
Pero Laclau-Mouffe sostienen por su parte que la relación
amigo-enemigo que Schmitt descubrió se puede visualizar ya no desde la
derecha, como éste lo hizo, sino desde la izquierda, dando lugar de
este modo a un populismo autoritario . Podría criticarse a Laclau y
Mouffe porque su pensamiento no es brillante y copioso como el de
Schmitt sino de escaso calado intelectual, pero el hecho es que,
gracias a ellos, líderes pretendidamente mesiánicos como Hugo Chávez y
los Kirchner pueden soslayar los sentimientos destructivos que en
realidad los mueven para convencerse de que han emprendido un combate
épico, heroico, precisamente "contra" la derecha. Para apoyar esta
visión, podría acudirse aquí a otro pensador que, como Schmitt, fue
originalmente de derecha pero que también podría ser interpretado en
forma "reversible", en beneficio de la izquierda. Se trata del
italiano Wilfredo Pareto (1848-1923), quien llamó racionalizaciones a
las transmutaciones intelectuales gracias a las cuales un sentimiento
negativo e inconfesable, como por ejemplo el odio, puede ser
coloreado, disfrazado, mediante argumentos supuestamente científicos.
Palabras más o menos, esto es a lo que Carlos Marx (1818-1883) llamaba
"ideología", imputándosela al liberalismo. Lo que han logrado hacer
Laclau y Mouffe, en suma, es proveer a los Kirchner de una ideología a
la que éstos llaman, simplificándola con un orgullo no disimulado, "el
modelo".
Bonafini a escena
Al revés que Laclau y Mouffe, Hebe de Bonafini no es una intelectual
sino una militante. Al insultar groseramente a la Corte Suprema y al
proponer la toma de los tribunales de justicia como lo hizo en el acto
público del último martes, Bonafini vino a reforzar desde otro ángulo
la ofensiva del populismo autoritario. Lejos de suscitar la condena
del kirchnerismo oficial, empero, la diatriba de Bonafini fue
acompañada con fervor por funcionarios cercanos al matrimonio del
poder como Gabriel Mariotto, el presidente de la Autoridad Federal de
Servicios de Comunicación Audiovisual (ex Comfer), pese a que él
proclama reiteradamente su adhesión al supuesto pluralismo de la nueva
ley de medios. Y fue así como de un lado y del otro, como si fuera por
un movimiento de pinzas de la artillería intelectual y la infantería
callejera, los representantes del populismo autoritario se han sumado
al combate que animan los Kirchner en el interior de nuestra república
democrática y, en resumidas cuentas, contra ella.
Al concentrar de este modo las fuerzas que le van quedando contra la
oposición democrática vasta pero aún no articulada, los Kirchner ganan
impulso pero a un alto precio. No debe asombrar por ello que, en los
márgenes del propio kirchnerismo, algunos de sus aliados empiecen a
dudar. ¿Habría que incluir entre los que ahora dudan a Daniel Scioli,
cada vez menos presente en los actos públicos del kirchnerismo, a los
intendentes del Gran Buenos Aires, a algunos voceros oficiales como el
jefe de la bancada del Senado, Miguel Angel Pichetto, y hasta a
algunos representantes de Carta Abierta? ¿Habría que sumar también a
aquellos gobernadores, oficialistas o no oficialistas, que ya piensan
en desdoblar las elecciones de 2011 para que en ellas el pueblo pueda
votar dos veces, una en el plano nacional y otras en los planos
provinciales, con el objeto de no cargar con la mochila kirchnerista?
En la compleja lista de las "elecciones desdobladas" podrían figurar
nada menos que Santa Fe, Córdoba, Salta, Chaco, Tucumán, Entre Ríos,
Tierra del Fuego, Catamarca, Chubut, San Luis, la Capital Federal,
Neuquén, Mendoza y quizás otras provincias.
¿"Partido" o "secta"?
Los partidos, al menos en teoría, tienden a sumar, a diluir las
fronteras ideológicas para ampliar de este modo su alcance electoral.
¿Pero existe hoy, todavía, un verdadero partido kirchnerista? ¿O la
campaña que están practicando los Kirchner a costa de esta concepción
"partidaria" tiende a reducir a sus seguidores a una secta ? El
vocablo "secta" está ligado a los verbos "segar", "cortar", "practicar
secesión". El "sectario", según estas acepciones, es aquel que corta y
separa a sus seguidores de los demás ciudadanos. Al obrar de este
modo, el sectario gana en intensidad lo que pierde en amplitud. Como
hemos visto, al exigir a sus seguidores una disciplina cada día más
estricta, los Kirchner los están reduciendo a una minoría que gana en
consistencia lo que pierde en convocatoria. Pero la democracia, cuyo
dogma irrenunciable es el principio mayoritario que abre las puertas
al poder popular, es sencillamente incompatible con el sectarismo.
Que los Kirchner caminan hacia esta anemia popular resulta evidente
cuando la Presidenta, quizás el miembro más militante de la pareja,
descarta de un golpe a la entera clase media por despreciar a sus
"morochos", privándose así de esa mayoría sin la cual en 2011 no
podría ganar. Hay quienes temen que esta visión cada vez más
"sectaria" sea el anticipo de una ofensiva a cuya cabeza podrían
figurar adalides de la "acción directa", como los piqueteros de Luis
D´Elía y Milagros Sala y al margen de la cual podrían quedar, además,
los vencedores en las recientes elecciones de la CTA, así como los
jueces y los abogados que también le han dicho que no a la secta
oficial.
La expresión militante confirma aquí la estrechez de miras que hoy
tienta al kirchnerismo. Los Kirchner se autodefinen como "militantes".
Pero esta expresión no tiene resonancias partidarias porque aquellos
que "militan", en vez de hacer política se ven a sí mismos como
integrantes de una "milicia" expresiva de una concepción bélica,
militar, de la política. ¿Pensarán entonces los Kirchner que su lucha
por retener el poder debería llevarlos, más que a sumar fuerzas en
principio diversas como hacen los demás políticos, a excitar al
extremo el fanatismo de sus seguidores detrás de consignas que
predican, más que el amor a las huidizas mayorías propio de las
democracias, la hostilidad hacia todos aquellos a los que, más que
como "competidores, ven como "enemigos"? La voz "fanático" proviene de
la raíz etimológica fan , que quiere decir "del templo" y consiste en
proyectar "fuera" del templo las actitudes absolutas, en blanco y
negro, que sólo se justifican "dentro" del templo. El fanatismo anima
a la militancia. En lugar del diálogo, predica una confrontación
preñada de violencia. ¿Es éste el horizonte ideológico que atrae a
Laclau y a Mouffet, a Bonafini y a los Kirchner, así como sedujo a los
Montoneros que el viejo Perón, hace cuarenta años, echó de la Plaza?

O grande pleito cívico JOÃO UBALDO RIBEIRO

O ESTADO DE SÃO PAULO - 03/10/10

Ainda peguei o tempo em que, em dia de eleição, os jornais estampavam
um sentencioso editorial com o título acima, ou bem semelhante.

Fazia parte de uma coleção estabelecida, estoque de qualquer redação
bem preparada. Havia editorialistas famosos por sacarem da gaveta o
artigo apropriado para a data, o qual, depois de sofrer algumas
alterações cosméticas, voltava a ser publicado.

Nunca de fato testemunhei essa prática, mas existiam, sim, os
editoriais padrão. Lembro com particular afeto o "Evoé, Momo!" do
sábado de carnaval, o "Esperança que se Renova" do primeiro do ano e o
"Tempo de Meditação" da Quaresma. Eu mesmo perpetrei diversos, em cada
uma dessas categorias, meu passado me condena.

Atualmente, acho que, para dias de eleição, o modelo mais em uso é o
"Festa da Democracia", mas não foi por saudosismo que preferi o pleito
cívico, foi por causa do clima que percebo em torno. Posso estar
percebendo mal, mas não vejo festa no ar, não vejo vibração, a não ser
com pinta de falsificada, não vejo real empenho em ninguém, exceto nos
candidatos. Não conversei com ninguém que vá votar com entusiasmo ou
mesmo torça fervorosamente pela vitória de algum candidato. A
impressão que se tem é que a maioria vota porque o voto é obrigatório
e não acredita que ele vá mudar nada, tanto faz como tanto fez.

Não é festa nenhuma, é o cumprimento de uma tarefa felizmente tornada
cada vez mais fácil e rápida.

Não sei por que isso acontece, não sei se alguém tem uma resposta satisfatória.

Mas é fácil imaginar alguns tipos de eleitor, como, por exemplo, o de
quem vai votar apenas porque é obrigatório.

Provavelmente, o que está na cabeça dele é que, não importa em quem
ele vote, vão continuar roubando e se locupletando do mesmo jeito, sem
que ninguém jamais seja punido ou devolva o que furtou. Pelo
contrário, os poderosos sobem cada vez mais na vida, engordam, ficam
ricos, suas famílias prosperam, seus correligionários se empregam,
seus amigos mamam o que podem. Os privilégios e mordomias permanecem e
quem quiser que encontre um jeito de entrar no circo e tirar também
sua lasquinha, o dinheiro está aí mesmo, é de quem botar a mão, o
resto é conversa e enrolação de meliante.

Às vezes, não parece haver absolutamente exceção alguma, para quem é
alçado a um cargo de algum poder, no Brasil: o primeiro móvel de cada
um está longe de ser o bem coletivo e ainda mais longe de ser o apego
a uma ideologia ou ideal. Mostra a abundante experiência que a
primeira motivação de cada um - e talvez a segunda, a terceira e a
quarta - não é servir, é se servir.

Todo mundo está farto de constatar, entre surpresas, sustos e
decepções, que é assim mesmo e poucos conhecem um homem público que
não tenha ficado bem de vida em alguns anos de carreira.

Os candidatos, em grande parte, viraram mercadorias, vendidas quase
como sabonetes e agindo que nem bonecos de ventríloquos, como quando
carregam um ponto eletrônico atrás da orelha e têm suas respostas
sopradas pelos marqueteiros.

A conversa no fundo é a mesma, a suspeita de mentira ronda a todos, as
promessas grandiloquentes jorram em cascatas, números e estatísticas
são lançados tão ao deus-dará quanto confete. A propaganda na TV é uma
sucessão grotesca e confusa de semblantes intercambiáveis, os partidos
políticos há muito não querem dizer nada e são meras plataformas para
o encaminhamento de interesses quase sempre subalternos, de que se
troca lepidamente, diante de vantagens pessoais oferecidas por outras.

Antigamente, o Brasil precisava de reformas e se usava a expressão
"reformas de base". Nunca foram feitas, mas, de repente, parece que já
foram todas realizadas, pois ninguém fala mais nelas.

Podemos não haver notado, mas já devemos ter feito, sem ordem de
importância, a reforma tributária, a administrativa, a penal, a
judiciária, a política e assim por diante. Esta última, então, nem se
fala porque ninguém acredita que o Congresso vá produzir leis que
afetem seus privilégios. Pelo contrário, deverá fortalecê-los, para
resistirem a possíveis futuros ataques.

Quanto às outras, iriam prejudicar aqueles que, no estado atual de
coisas, estão se dando bem. Portanto, as famosas reformas deverão
continuar a ser mencionadas conforme a necessidade e esquecidas
conforme a tradição.

E, na outra ponta do espectro, que eleitor se pode imaginar, saindo
para a festa da democracia, neste que espero ser um belo domingo de
sol primaveril? É o que nem viu campanha na TV e, se viu, não
entendeu. Vai, mais uma vez, votar errado, segundo a ótica de
observadores cheios de si. Vai trocar o voto por dinheiro, por uma
"colocação" ou emprego, por uma dentadura ou uma intervenção
cirúrgica.

Ou tem medo de que a bolsa família desapareça tão inexplicadamente
quanto surgiu.

Ou ainda, no que acredito ser a maior parte dos casos, precisa
continuar em bons termos com os poderosos de sua área, de cuja boa
vontade depende para obter o que a lei diz ser seu direito, mas a
realidade mostra que é favor, dependente da generosidade desses
poderosos. Quer dizer, vai, na minha opinião, votar com absoluta
correção.

Aproveita-se do voto na única ocasião em que ele lhe tem alguma serventia.

E, como o seu equivalente mais bem situado, também acha que todo mundo
rouba e então se garante logo e pega o que está à disposição.

Bem, a situação, afinal, talvez não seja tão feia assim, estas tintas
estão meio carregadas. No boteco mesmo, na semana passada, a eleição
interessava a muita gente. A aposta em que vai haver segundo turno
estava pagando um chope e meio por um. E até as eleições que virão
depois da de hoje eram antecipadas com ansiedade. Deve ter feriadão,
era o comentário geral.

A propaganda na TV é uma sucessão grotesca de semblantes
intercambiáveis JOÃO UBALDO RIBEIRO é escritor

Fim de uma etapa Ferreira Gullar

FOLHA DE SÃO PAULO - 03/10/10


Enquanto o PSDB optara pela esquerda moderada, o PT continuava a alimentar anseios revolucionários


PODE SER QUE as eleições de hoje assinalem o fim de um período de nossa história política. Se for verdade, não significa, porém, que haverá um corte drástico, algo terminará de vez e outra coisa começará. Talvez até essa mudança independa do resultado eleitoral de hoje, muito embora possibilidades diversas surjam, conforme esse resultado.
Trata-se de mera intuição, uma vez que me faltam as qualificações de cientista político e mesmo as de um analista experimentado na matéria. Intuo, não obstante, que algo chega a seu termo, algo que começou durante o regime militar e se desenvolveu nestes 25 anos de regime democrático.
Vou tentar formular esta minha tese que, como disse, apenas intuo, apreendendo difusamente certos indícios do que me parece ter ocorrido nesse período. Começo pelo começo, com o fim dos partidos que existiam antes do golpe e que foram todos dissolvidos, obrigando os políticos a se acomodarem dentro de dois partidos apenas: a Arena, de apoio ao regime, e o MDB, de oposição, o que, por si só, já os qualificava, uma vez que, se optar pelo partido governista muitas vezes implicava oportunismo, optar pelo outro exigia coragem e convicção, ainda que se tratasse de oposição consentida.
Nesse ponto se concentrava o nó da questão: é que os militares, por não quererem assumir o caráter autoritário do regime, admitiram a existência de um partido oposicionista, mas, claro, só até certo ponto; isto é, um partido que não pretendesse chegar ao poder. Tratava-se, sem dúvida, de uma farsa e isso dividiu a oposição: uma parte dela acreditava que, aceitando as regras da ditadura, valer-se-ia delas para ir aos poucos ocupando posições e conscientizando o povo, enquanto a outra parte se negava a isso e pregava o voto nulo.
A situação era complicada porque, se a aceitação das regras implicava trabalho político paciente e que exigiria anos, o voto nulo, por sua vez, fortalecia o regime, que saía das urnas amplamente vitorioso. Os defensores desta posição, constatando a inutilidade de sua opção, terminariam se encaminhando para tentar a derrubada do regime pela força, isto é, pela luta armada. O resultado de tal escolha era previsível, uma vez que a vulnerabilidade do regime era política -pois nascera de um golpe de força- e não militar, já que, nesse campo, contava com as três forças armadas e mais as polícias militares estaduais.
Os guerrilheiros foram facilmente derrotados, o que, de certo modo, fortaleceu a posição dos que haviam optado pela luta no plano político. Por sua vez, os ex-guerrilheiros e seus simpatizantes, tendo aprendido a lição, decidiram também disputar o poder politicamente. E nasceu o PT. Enquanto isso, no seio do partido de oposição também as contradições se aguçavam, uma vez que a consistência do regime militar -além de suas imposições e artimanhas, como o AI-5 e a criação de senadores biônicos- levou a uma divisão no seio do partido oposicionista, dando nascimento ao PSDB. Estavam formadas, assim, as duas forças políticas que iriam disputar o governo do país após o fim da ditadura militar, em 1985.
Embora, no início, esses dois partidos tenham tacitamente formado uma frente de luta contra o regime, eles eram essencialmente diferentes, como se confirmaria mais tarde. É que, enquanto o PSDB optara por uma esquerda moderada que preservaria o processo político democrático, visando apenas restaurá-lo e reformá-lo de acordo com as necessidades e possibilidades da sociedade brasileira, o Partido dos Trabalhadores continuava a alimentar anseios revolucionários, já que a maioria de seus fundadores inspirava-se na revolução cubana e via nela o exemplo a ser seguido pelo Brasil.
O PSDB chegou ao poder em 1995 e, de certo modo, esgotou seu papel. O PT chegou lá em 2003 mas, para isso, teve que abrir mão de seu revolucionarismo de palavra, substituído pelo pragmatismo de Lula, que agora tenta sobreviver travestido de Dilma Rousseff. Muda-se o sonho cubano, agonizante, em uma espécie de neopopulismo. Já o PSDB, sem o vigor original, tenta, com José Serra, uma sobrevida; se ele perder, acaba também. Será então a vez de Aécio Neves e Sérgio Cabral que, de outra geração, ignoram a opção entre direita e esquerda.

Reflexos da História MíriamLeitão

O GLOBO

A cama onde morreu Getúlio é baixa e acanhada para os padrões atuais. O chuveiro, pequeno. Entrei no quarto dele, pensei no mistério daquela morte, olhei longamente o revólver, o pijama. Depois, andei pela exposição sobre a história da República. O começo tumultuado e militarizado, depois, jogo de cúpula, ditaduras. Breves respiros democráticos; mesmo assim, uma história de avanços.

Passei algumas horas da última quinta-feira no Palácio do Catete, sede do governo de 1896 a 1960, que viu esperanças e descaminhos da República e, ainda hoje, aprisiona o estupor do suicídio de um presidente.

Os belos espelhos do Salão Nobre criam a ilusão de ser maior a sala onde os presidentes tomavam posse. Desviando dos espelhos, para evitar o reflexo, pusemos três cadeiras para gravar o programa Espaço Aberto sobre a história do voto no Brasil e os dilemas atuais: que reforma política? Voto obrigatório ou não? Ficha Limpa ainda que tarde.

O cientista político Jairo Nicolau e o jurista Luis Roberto Barroso concordam na visão otimista: o Brasil avançou, apesar dos sustos e erros, ampliando sempre o universo dos votantes: no Império, votavam apenas os ricos. Era necessário comprovar rendas e propriedades.

A idade mínima era 25 anos. Antes, só os homens.

As mulheres tiveram direito de voto em 1932, um pouco antes do único período da história do Brasil em que foi suspenso integralmente o direito de voto, na ditadura getulista de 1937 a 1945.

Elas só puderam ter o direito amplo garantido no fim da segunda guerra. A democracia liberal de 1945 a 1964 foi sempre ameaçada pelas inquietações dos quartéis, as conspirações e denúncias de fraudes. Aí veio a longa noite dos militares no poder, em que foi suspenso o voto para presidente, governador, prefeito das grandes cidades e, em dado momento, para um terço do Senado. Na redemocratização, os votantes passaram a incluir os analfabetos e os jovens de 16 e 17 anos, uma das poucas democracias do mundo que permitem o voto a esta faixa etária, explicou Jairo. Desde a memorável campanha das “Diretas Já”, o Brasil já fez cinco eleições para presidente pelo voto direto. A de hoje será a sexta e para ela estão aptos a votar 136 milhões de brasileiros.

É a democracia estabilizada finalmente? Barroso diz que é uma democracia em construção. Antes, durante e depois da gravação conversamos sobre o fascinante tema do voto. Os entrevistados me lembraram um fato: já não se fala de fraude. O assunto, tão presente na história da República, hoje se limita a denúncias locais.

Mesmo assim, a democracia está longe da perfeição.

Essa campanha deixou sombras. Uma foi a maneira desmedida com que o chefe da nação se instalou nos palanques, ofendendo adversários políticos, em campanha aberta, confundindo de forma intolerável os papéis de presidente com o de chefe de campanha.

Tomara que nunca depois um chefe de Estado confunda tanto o seu papel, abuse tanto do seu poder, use a máquina de forma tão descarada. Se o comportamento do presidente Lula, em campanha, for um precedente seguido por outros, a democracia brasileira vai retroceder.

O Supremo Tribunal Federal lançou outra sombra sobre o processo eleitoral ao não ser capaz de decidir sobre o caso Roriz. A República esperava do Supremo uma decisão. Era sim ou não. Não pode ser um talvez.

Esse talvez levará a cassar o voto de cidadãos a posteriori. Se a falta de nomeação de um ministro criava o risco matemático do impasse, era preciso superar a indecisão. Havia caminho.

Bastava interpretar que, se o entendimento majoritário era que a Lei da Ficha Limpa não é inconstitucional, não se podia acolher o reclamo do então candidato a governador do Distrito Federal. Ele, no dia seguinte, fez a Justiça de boba com a escolha de um avatar para representá-lo.

Quando o STF decidir, os cidadãos terão votado. Hoje, vamos às urnas sem saber que candidatos podem ou não ser votados. Isso distorce o processo.

O que me aflige mais na história recente do país é ver jovens desanimados com a democracia, diante da avalanche de escândalos de corrupção que despencou sobre nós nos últimos anos. A Ficha Limpa foi o começo da virada. Não se defende aqui que o Supremo decida pelo clamor das ruas. Mas pelo caminho do Direito, há como a Justiça sinalizar a estrada que dará ao cidadão a segurança de uma representação de mais qualidade.

A reforma política está sempre nos debates e é, como disse Jairo Nicolau, aquilo que todos são a favor, mas cada um está falando de uma reforma diferente.

Os dois defendem o voto obrigatório, mas no programa, houve divergências.

Voto em lista fechada é a preferência de Barroso.

Nicolau acha que se pode dar ao eleitor a chance de escolher se prefere votar na lista do partido ou no nome.

Ele lembra que o Brasil, desde que se entende por país, vota no nome, e não em lista. Seria a mudança em um processo que tem quase 200 anos. Financiamento público exclusivo de campanha? Ninguém garante que isso acabará com o tormento do caixa dois.

Há muito a fazer e a discutir, mas hoje é o dia de carregar um documento com foto, ir à sua seção eleitoral, digitar na urna, de eficiente tecnologia nacional, os números das pessoas nas quais você confia para deputado estadual, federal, governador, dois senadores e para a Presidência. A democracia não está pronta, mas avançamos muito na sua construção. Riscos existem, mas andando pelo Catete entendi que fantasmas e medos que assombraram a República, hoje estão apenas na História.

sábado, outubro 02, 2010

Mundos paralelos Merval Pereira

O GLOBO
O debate da TV Globo foi tão modorrento quanto uma partida de final de campeonato em que o empate desse a vitória aos dois times, se isso fosse possível. Nenhum dos dois principais concorrentes quis arriscar as posições já conquistadas. O tucano José Serra está convencido de que irá para o segundo turno no vácuo do crescimento da candidata do Partido Verde, Marina Silva, enquanto a candidata petista, Dilma Rousseff, considera que a fatura será liquidada já no primeiro turno.

Dois mundos paralelos que no domingo se encontrarão com a realidade das urnas.

Por isso, os dois não se confrontaram.

Só quem precisava manter o espírito competitivo em busca de aumentar sua penetração no eleitorado era Marina, não em busca de um utópico segundo lugar que levasse ao turno final “duas mulheres”, mas atrás do maior índice possível para ter poder de barganha num eventual segundo turno entre Serra e Dilma.

Entre os assessores do Partido Verde, a conta que se faz é que qualquer resultado que dê a ela entre 15% e 20% de votos válidos terá sido uma vitória.

Marina, levando a disputa para o segundo turno, terá quebrado a lógica da disputa plebiscitária planejada pelo presidente Lula, que demonstrou nessa eleição ser um grande estrategista político, mesmo que tenha reforçado esse seu pendor com o abuso do poder político que o cargo lhe confere e a leniência que o Tribunal Superior Eleitoral admite.

O decorrer da campanha eleitoral demonstrou que ele estava absolutamente certo ao não querer uma segunda candidatura do campo governista, como pretendia o deputado federal Ciro Gomes do PSB.

Além de ter provado que não precisava de um reforço para vencer o candidato tucano, Lula ainda se livrou de uma boa dor de cabeça ao escantear Ciro, pois com um aliado desses não é preciso adversário para criar problemas.

O deputado cearense foi dispensado por Lula com requintes de crueldade e, tendo transferido seu título eleitoral para São Paulo, não pode se candidatar nem a deputado federal.

O plano de Lula só teria tido um êxito mais completo se Ciro se dispusesse a disputar uma vaga de deputado federal por São Paulo e fosse traído pelo petismo paulista, como fatalmente ocorreria.

O que não estava nos planos do estrategista Lula era a possibilidade de Marina Silva se lançar candidata com chances reais de se tornar um fator decisivo na definição da eleição.

Ela caminha para assumir esse papel, podendo levar a eleição para o segundo turno ou, mesmo que Dilma se eleja amanhã, comandando uma força política que não poderá ser menosprezada nas negociações de um futuro governo petista.

No último debate da TV Globo houve um detalhe adicional que refreou o ânimo dos dois principais contendores.

Assim como em todos os demais debates, quem faz a pergunta fica à mercê do adversário, pois o sistema prevê uma tréplica que dá ao perguntado a última palavra.

Essa seria a explicação técnica para que nem Serra nem Dilma tenham querido fazer perguntas diretas um ao outro em temas que pudessem criar problemas, como corrupção ou aborto. A palavra final ficaria sempre com o adversário, que teria assim condições de fixar sua posição diante do eleitorado.

Na vez em que Marina perguntou a Serra, ele ficou com a palavra final, quando a comparou a Dilma por causa do mensalão.

Paradoxalmente, o debate que mais permitiu aos candidatos falarem sobre temas específicos de governo, como segurança, habitação, transportes, superando assim a superficialidade dos debates acontecidos até aquele momento, foi o momento em que o eleitorado telespectador aguardava a confrontação dos dois mais votados.

Também Marina parece que esperava por esse ambiente mais tenso para tirar proveito dele, mostrando-se como a única que trata de programas sem se entregar aos factoides políticos.

Como, no entanto, nem Serra nem Dilma estavam dispostos a se enfrentar, o primeiro guardando energias para um segundo turno que considera certo, a segunda por se considerar já eleita no primeiro turno, Marina ficou meio deslocada.

Talvez tenha sido essa a razão para seu desempenho medíocre, surpreendida pela falta de agressividade dos seus adversários, ela que não tem o espírito agressivo ao fazer política.

Teve que partir para o ataque aos dois, a fim de roubar votos que aumentassem seu cacife eleitoral, e às vezes pareceu fora de tom.

Não houve escorregões dignos de nota, a não ser a confusão frasística de Dilma que trouxe à tona a lembrança das famosas contribuições não contabilizadas de Delúbio Soares no mensalão, provocando risos na platéia, e ninguém se sobressaiu no que foi o último embate da campanha eleitoral.

As posições ficaram congeladas, e domingo saberemos quem estava com a razão, se Dilma ou Serra.

O Supremo Tribunal Federal acabou tendo uma influência maléfica no processo eleitoral quando decidiu desqualificar o título eleitoral e ao não conseguir decidir sobre a lei da Ficha Limpa.

Depois de anos, suas excelências descobriram que falta uma fotografia no título eleitoral, o que podia propiciar que fosse usado por outra pessoa que não o titular.

Essa “descoberta” do Supremo leva a crer que muitos políticos foram eleitos irregularmente por causa da falta de uma fotografia no título eleitoral.

Ao mesmo tempo, mesmo preservando o espírito da lei que foi aprovada no Congresso com o apoio de todos os partidos políticos, inclusive o PT, e sancionada pelo presidente da República, o Supremo substituiu o Congresso na definição de que documento serve para coibir a fraude eleitoral, o que seria no mínimo desnecessário.

Já a não-decisão sobre a Ficha Limpa coloca no limbo milhões de votos, que poderão simplesmente ser anulados se a decisão final for a favor da aplicação imediata da lei, como, aliás, já decidiu o Tribunal Superior Eleitoral.

Para culminar a semana “horribilis” do Supremo, houve o caso do genro do Ministro Ayres Britto, que enquanto estiver à solta no mercado advocatício prejudica a atuação do sogro, um ministro que tem dado provas de integridade e espírito público.

''Nós somos a opinião pública'' Miguel Reale Júnior

O Estado de S.Paulo - 02/10/10


São repetidas as queixas de Lula de que as forças de oposição, compostas pelas elites, não admitem que um peão de fábrica tenha assumido a Presidência e alcançado sucesso. Essas queixas misturam ressentimento e vaidades. Basta lembrar, por exemplo, o que Lula disse, em maio de 2006, aos moradores de palafitas em Manaus: os adversários deviam "aprender" que um metalúrgico, com o quarto ano primário e curso do Senai, é capaz de fazer "muito mais do que eles neste país", pois a sabedoria do ser humano não está na quantidade de anos na escola, mas na "capacidade do sentimento".

Em julho de 2007, em Cuiabá, Lula comparou seus opositores aos mesmos que levaram Getúlio Vargas ao suicídio, setores da "elite" cuja raiva contra seu governo deriva da ação em favor dos pobres. Em fins de agosto de 2007, no Paraná, via a "campanha da imprensa" que o atingia como fruto da soma de duas "doenças malignas", a inveja e o preconceito.

Uma das espertezas da propaganda política está em colar à figura dos adversários a marca de inimigos do povo, que, para Lula, são os partidos de oposição e a imprensa reveladora dos podres do governo.

Há poucos dias, todavia, Lula extrapolou o plano das queixas e das acusações aos adversários, que de forma já imprudente vem qualificando como inimigos do povo, ao dizer: "O que eles não se conformam é o pobre estar conseguindo enxergar com os seus olhos, não precisa do tal do formador de opinião pública. Nós somos a opinião pública e nós mesmos nos formamos."

Essa manifestação levou à imediata reação da OAB, por meio do seu presidente, Ophir Cavalcanti Filho, bem como de entidades de imprensa e de representantes da sociedade civil, que proclamaram a importância da liberdade de expressão, que compreende a de informar e a de criticar, para abertamente se formarem as convicções políticas.

Ao afirmar Lula que não são precisos os formadores de opinião, pois "nós somos a opinião pública", desfaz-se o relevo do pluralismo de ideias, da diversidade de posições a serem suscitadas pelos chamados "formadores de opinião", que só existem onde houver ampla discussão e multiplicidade de perspectivas, com exame das contraposições e reflexão. Contra o pluralismo característico dos formadores de opinião, apresenta-se então uma verdade monolítica, única, que brota espontaneamente do povo, como uma comunidade orgânica homogênea: "A opinião pública somos nós."

Assim, para Lula, o povo forma-se a si mesmo e é o seu próprio porta-voz. Lula autoproclama-se o lídimo representante do sentimento deste povo, sentimento que sabe captar, pois já dissera, com razão, que a sabedoria se faz não só com estudo, mas com sentimento. Esquece, contudo, que sabedoria também não se alcança apenas com sentimento.

Agora, no calor da disputa eleitoral, almeja traduzir a forma de sentir desse povo de pobres que enxerga com os próprios olhos e torna dispensáveis os formadores de opinião. Para Lula, a opinião pública brota por obra de uma revelação natural do povo sobre o certo e o errado e acerca dos caminhos para a consecução do bem de todos. Com essa compreensão da via política construída de modo imanente a partir do próprio povo, cria-se uma perigosa estrada para um autoritarismo populista, que o século passado revelou de modo trágico.

No nazismo entendia-se que povo engendrava uma unidade incindível, na qual os indivíduos formam uma coletividade concreta, participando de um mesmo espírito objetivo que penetra e abraça a todos. O Führer, como o condutor da comunidade, encarna o espírito objetivo, o "são sentimento do povo".

O historiador italiano Emilio Gentile descreve o fascismo como a mobilização popular por meio de um partido único e de um chefe carismático que faz do uso racional do irracional a forma de uma política de massas que visa a privar as pessoas de sua individualidade como elementos celulares de uma coletividade nacional. O fascismo, diz Michel Winock, professor do Instituto de Estudos Políticos de Paris, detém a verdade, exclusiva, inconciliável com qualquer outra perspectiva e, portanto, hostil ao pluralismo.

Com certeza Lula, cujas inteligência e sensibilidade compensam a falta de estudo, sabe usar racionalmente o irracional, mas talvez não dimensione as consequências da guerra aberta deflagrada a partir da posição de presidente da República, com menosprezo ao pensamento, ao direito de crítica, ao jornalismo investigativo denunciante de graves irregularidades de seu governo, que transforma em golpismo, para legitimar uma verdade única a brotar como força viva de uma sociedade de pobres que se forma a si mesma e da qual é a encarnação como líder populista.

A consequência ficou patente na campanha. Os blogs pró-Dilma adotam desabrido maniqueísmo ao propagar que votar no PSDB/DEM é estar "contra o País" e do lado dos inimigos que devem ser expurgados. Na mobilização contra a imprensa surgem ameaças a jornalistas e promessas de retaliação a revistas e jornais qualificados de golpistas por terem divulgado matérias contra o PT ou sua candidata. O clima é de ódio e violência.

Estão aí lançados os ingredientes de uma receita de autoritarismo populista que terá Lula como condutor e Dilma como coadjuvante, sem força para manobrar os radicalismos despertados.

Mas se Dilma, eleita, não quiser ser apenas coadjuvante? No jogo entre sentimento de inferioridade intelectual e orgulho de sua passagem pela Presidência, Lula já disse que a partir de janeiro vai estudar novamente ou ensinar a governar. Longe do Planalto, Lula poderá, talvez, confrontar-se com Dilma presidente ao pretender dar lições de como governar. Será um conflito entre presidentes: a que é e o que não deixou de ser por sua popularidade e gosto do poder. Assim, o risco de um autoritarismo populista remanesce duplicado.

A escalada da pobreza (de espírito) GUILHERME FIÚZA

O GLOBO - 02/10/10

O último debate entre os presidenciáveis na TV, com seu clima de chá de senhoras na Confeitaria Colombo, produziu uma única certeza: a opinião pública está morrendo.

Os candidatos não falam com ninguém.

Falam com as pesquisas. E como as pesquisas são cada vez mais imunes ao que acontece na vida real, o debate na TV Globo foi uma espécie de horário eleitoral gratuito coletivo. Perguntas, réplicas e tréplicas compuseram uma animada conversa de surdos.

Cada um com seu monólogo ensaiado, falando diretamente ao coração do seu marqueteiro, olho no olho.

Foi assim, nessa conjunção de mundos límpidos e sem conflitos, que sumiu na paisagem a grande ausente do debate.

Erenice não deu as caras. E dessa vez não foi culpa dela. A fiel escudeira de Dilma Rousseff fez tudo certo para protagonizar a reta final da campanha.

Empenhou seus familiares e simpatizantes, em diferentes graus de parentesco, para exibir por completo a doutrina petista de privatização do Estado. Com sua coleção de indícios de tráfico de influência, manteve o lema revolucionário de endurecer sem perder a prepotência jamais, chamando o candidato adversário de "aético" e "derrotado" em nota oficial. Mas o Brasil é magnânimo.

Já começou a esquecer que teve uma Erenice na chefia da Casa Civil.

Se Erenice Guerra, a breve, fosse só um acidente na República dos companheiros, melhor mesmo seria deixá-la despontar para o esquecimento.

O problema é o quanto o estilo Erenice diz sobre Dilma - essa desconhecida com cerca de 50% das intenções de voto.

A ministra que Lula teve que "suicidar" a menos de um mês das eleições seria, por assim dizer, o homem forte do governo Dilma. Com o escândalo já cheirando mal a céu aberto, a candidata petista ainda tentou salvar sua protegida, classificando de "factoide" a revelação das peripécias de Erenice na penumbra do Planalto. O factoide custou a cabeça da ministra, mas Dilma continuou firme: "Não vi nenhuma ação inidônea da ex-ministra Erenice." Quanto desse tipo de idoneidade tomará posse junto com Dilma Rousseff, se eleita? O Brasil não quer falar sobre isso agora. Prefere esperar pelo futuro tomando seu chá na Confeitaria Colombo.

Como foi possível a Dilma entrar e sair do debate na Globo sem ouvir o nome de Erenice? Como foi possível à candidata de Lula desfilar na TV para milhões de brasileiros sem dar uma única explicação sobre a propensão fisiológica, autoritária e conspiratória de seu projeto político, flagrada no caso Erenice? É simples. Os bem-pensantes estão convencidos de que o povo não sabe o que é Casa Civil. Não adianta falar de tráfico de influência, porque o povo também não entende. Aliás, o povo também não sabe o que é violação de sigilo fiscal. Será que o povo sabe o que é falcatrua? Possivelmente sim, mas não liga o nome à pessoa. Ligar Erenice a Dilma, então, nem pensar.

Segundo essa doutrina, para ser ouvido pelos brasileiros, o candidato de oposição José Serra, por exemplo, tem que se apresentar como Zé, filho de feirante. No Brasil emergente da era Lula, a pobreza é quase um diploma.

E a ignorância enseja carinho e condescendência. Independentemente de seus atos, o presidente sociólogo desperta antipatia; o presidente operário desperta orgulho. E assim o país vai reduzindo suas desigualdades: orgulhando-se de falar a língua inteligível pelos que não sabem falar, substituindo brilhantismo por bom-mocismo.

Estudiosos formados nas melhores escolas do Rio e de São Paulo produzem estudos confirmando um novo Brasil descoberto em 2003. O proselitismo lulista envaidece a elite envergonhada.

Na FGV, no Ipea, na USP, na Unicamp proliferam os papers deslumbrados com a nova classe C que não lê jornal e vai ao shopping.

De que vale saber quem fundou a estabilidade econômica, ou o que é Casa Civil? Essas coisas não cabem na fábula do filho do Brasil, com seus mais de 80% de audiência. O freguês tem sempre razão. Rumo ao Oscar.

O presidente operário está tirando o Brasil da pobreza, e legará sua obra social à primeira presidenta do país.

Soa bonito, melhor não contrariar.

Ainda assim, sem querer ofender o arrastão do bem, caberia perguntar: um país que perde discernimento, que compactua com a falta de esclarecimento, que não fala o que os emergentes da classe C supostamente não vão entender, que faz debate de mentirinha para não perturbar o sono da opinião pública, está saindo da pobreza para onde? A indiferença nacional com o caso Erenice é um indicador seguro de elevação da pobreza - pobreza moral, cultural, cívica. A imprensa flagrou a pobreza de espírito dos que chegam ao poder para "se servir", como disse o próprio Lula sobre Erenice. Mas, como alertou o Verissimo, foi tudo uma tentativa de impedir a vitória da Dilma.

É o velho Fla-Flu ideológico - a face mais pobre do Brasil. E aí não há Bolsa Democracia que dê jeito.

Não era este o debate Villas-Bôas Corrêa

JORNAL DO BRASIL(ONLINE)

Dou a mão à palmatória: apostei todas as fichas no último debate pela TV Globo, entre os quatro candidatos mais credenciados no cacho de bananas do ridículo e do bestialógico. E a expectativa era de final da Copa do Mundo, com a favorita Dilma Rousseff, no sobe e desce das últimas pesquisas e pela primeira vez ameaçada de não se eleger no primeiro turno, adiando a decisão para um segundo turno de todo o risco.

Com bloco e caneta, suportei o atraso de mais de meia hora.

Com a competência de sempre, William Bonner conduziu o debate, engessado na rigidez dos minutos para as perguntas, as respostas e os comentários.

Mas, com a exceção de sempre do candidato Plínio de Arruda Sampaio, do PSOL, o único com colocações originais e surpreendentes, mesmo nas repetições dos temas, valorizados pelo seu bom humor e por sua facilidade de comunicação.

Com a disciplina de quartel de meia-volta volver que calava os debatedores, o debate ganhou significação e importância mais pelo que não foi dito do que pela fuga dos desafios do risco de uma crise com a desmoralização dos três poderes.

Com o próximo Congresso nos esgares dos candidatos no programa eleitoral gratuito, um tiro que saiu pela culatra, é aconselhável que os crentes rezem pela sobrevivência da democracia.

Pelo andar da carruagem, não iremos muito longe. E como o candidato Plínio Sampaio não tem cacife eleitoral, o baile fica reduzido a Dilma Rousseff, José Serra e, como tema para especulação, a Marina Silva.

Não é a incompetência ou a miopia política que estão contaminando este final de campanha, desde que o favoritismo da candidata oficial entrou no desvio da arrogância.

A crise que escurece o horizonte da campanha é a moral e ética do pior Congresso de todos os tempos e que será superado pelo próximo dos tiriricas. E que já perdeu o bonde da história com esta campanha medíocre, escapista que ajudou a empurrar o Legislativo para o fundo da cova.

Construir 1 milhão de casas e escolas, distribuir cestas básicas com sobremesas e sorvetes, além de aumentar o salário mínimo, são re l a m b o i a s para atrair o voto.

Mas o que está cada vez mais claro é que o governo em dose dupla do presidente Lula e o próximo não terá apoio no Congresso para a reforma que reclama a convocação de uma Assembleia Constituinte, que não foi cogitada por ninguém no lero- lero do horário de propaganda eleitoral ou na campanha perdida na véspera.

Brasília, com ou sem Roriz, é a capital que não deu certo, com o gigantismo de mais de 3 milhões de habitantes. E a praga da desmoralização do Congresso já ameaça o próximo. Ou alguém do mundo da lua acredita que o futuro Congresso será pior do que o agonizante? Na melhor das hipóteses, serão sapatos do mesmo pé.

Urgência adiada Míriam Leitão

O GLOBO

O último debate entre os candidatos a presidente foi frio não por falta de temas e contradições.

Foi o retrato final de uma campanha em que o principal ator não era candidato, em que os temas foram contornados por respostas prontas, em que a favorita nas pesquisas só aceitava falar com a imprensa protegida por um pódio com microfones que a afastasse dos jornalistas.

O mais estranho foi a renúncia dos dois candidatos de se perguntarem. Os dois, quando puderam escolher, preferiram perguntar a Marina Silva.

- Isso prova que eles sabem que eu estou no jogo - me disse ela, ao sair.

No final da entrevista, os assessores de Dilma Rousseff garantiram que as pesquisas qualitativas durante o debate registraram a percepção dos participantes de que houve uma polarização entre Dilma e Marina. As pesquisas qualitativas do PSDB registraram, segundo assessores de Serra, que quando Marina crescia tirava votos de Dilma.

Marina Silva declarou ao final que havia conseguido quebrar o plebiscito. O presidente, o verdadeiro centro de decisão de toda a campanha, havia dito que seria uma comparação entre quem tinha feito mais: se Fernando Henrique, se ele.

Nisso, Lula se frustrou. Não houve a prova dos nove de que ele seria superior ao adversário que o derrotou em duas eleições. O candidato do PSDB falou de suas realizações, mas dedicou pouco tempo ao período FH, com o argumento de que o melhor era discutir as capacidades de cada candidato e o futuro do país. Marina entrou no meio da conversa e evitou que houvesse apenas esse Fla-Flu.

Plínio de Arruda Sampaio herdou o "contra tudo isso que está aí", ecoou o velho discurso do PT contra "a dívida", mas fez bem seu papel de provocador, essencial em qualquer campanha. Plínio confunde as dívidas externa e interna, mas levantou um bom número. Disse que o governo Lula deve R$1 trilhão e 600 bilhões. É mais ou menos isso. Curioso é que o PT acusava Fernando Henrique de ter deixado uma dívida de R$800 bilhões. Plínio não parece ter entendido que os juros podem e devem ser derrubados, mas não pagar significa fazer um plano como o de Collor.

No grupo do PT, o entendimento é que, quando podia perguntar sobre habitação para Dilma e não o fez, José Serra estava jogando a toalha. Afinal, ele tinha feito críticas aos programas habitacionais do governo. Serra discorda. Acha que o tema não permitiria o verdadeiro debate que gostaria de ter com ela.

Dilma ficou na confortável situação de ter o que mostrar e pouco ser cobrada por suas contradições. Houve criação de emprego no período; o país teve dois anos de recessão no governo Lula, mas este ano o Brasil está crescendo forte; o crédito aumentou muito e isso alavancou o consumo, ampliando o otimismo das famílias.

Ela contou esses feitos, mas quando é para falar o que está errado no quadro atual do país, ela se comporta, impunemente, como se não tivesse feito parte do governo que a lançou. É capaz de afirmar que a estrutura tributária do país é caótica, sem explicar por que oito anos não foram suficientes para organizar esse caos. Metade do gasto previsto para ferrovias nos próximos anos é no controvertido trem-bala.

Em Belo Monte, os índios xicrim receberam a promessa de ganhar uma rodovia e muitas picapes para compensar o fato de que perderão a hidrovia. Com várias contradições assim, Dilma proclamou as vantagens da hidrovia e da ferrovia. A maioria dos seus números não suporta uma prova dos nove. Mas os seus R$40 bilhões investidos em saneamento, que seriam o triplo do gasto no governo Fernando Henrique, trazem um problema, se forem verdadeiros: o governo anterior levou o acesso à rede coletora de esgoto de 48% a 56% dos domicílios. O governo Lula reduziu o ritmo da melhora, passando de 56% para 59%. Os dois não tiveram bom desempenho, mas o de Lula é pior.

Marina não perguntou de aborto de propósito, mesmo convencida de que nesse tema sua adversária tem mudado suas declarações conforme a conveniência.

- Não vou provocar uma guerra santa. Cada pessoa tem suas convicções, mas o ideal é que as defendesse. Eu tenho as minhas, mas prefiro, se for eleita, levar o assunto a plebiscito.

Serra não tocou no outro assunto que incomodaria a adversária: o caso de corrupção que estourou na antessala do gabinete ocupado pela então ministra Dilma Rousseff. O candidato do PSDB culpou a natureza do debate, em que parte dos blocos é de temas sorteados. Mas no outro encontro dos quatro, os que trouxeram Erenice Guerra para a cena foram Plínio de Arruda Sampaio e Marina Silva.

Seja qual for a avaliação que cada um tenha do desempenho dos candidatos nessa campanha, o fato é que faltou conversa, diálogo, confronto e propostas exequíveis. A educação foi declarada a prioridade por todos, mas o que se discutiu mesmo é se o PSDB impediu ou não o ensino técnico.

A verdade é que o Brasil acaba de saber que é pior em repetência e evasão do que todos os países do Mercosul. As metas do IDEB para a escola pública no ano de 2021 são de se atingir 5,8 nos primeiros quatro anos, 5,2 nos quatro anos seguintes e 4,9 no ensino médio. Isso é menos do que a escola privada teve em 2005.

Um país em que o governo tem metas tão medíocres e que aceita manter a desigualdade entre escola pública e privada acha mesmo que pode virar potência? Um país assim pode passar por uma disputa presidencial tratando o assunto desta forma? Não foi por falta de urgências que tivemos uma campanha tão superficial.

Calma, gente Zuenir Ventura

O GLOBO

Como já tinha feito em 2006, assisti ao debate dos candidatos à presidência no auditório da TV Globo anteontem. Dessa vez fiquei dividido entre a torcida pelo segundo turno e o medo de que isso transformasse a campanha numa briga de foice, mais do que já estava sendo. Para surpresa geral, porém, em vez disso, não houve baixarias e o clima foi até morno, talvez mais por cautela do que por civilidade. O cuidado de não se ofenderem chegou a levar Dilma e Serra a não dirigirem perguntas um para o outro. Plínio teve momentos engraçados, como sempre, Dilma melhorou seu desempenho, Serra demonstrou mais uma vez que seria melhor presidente do que é candidato, e Marina assumiu o papel de fiel da balança, acreditando que possa haver prorrogação.

A metáfora futebolística é inevitável: com medo de perder a partida no final, os adversários preferiram a defesa ao ataque. Foi um ambiente completamente diferente do que se tem visto nos jornais e na internet. Estive há dias em Brasília e São Paulo, e poucas vezes vi jornalistas se xingarem tanto. Quem viveu os tempos da guerra UDN x Vargas, com direito a atentado e a suicídio, sabe aonde pode chegar a marcha da insensatez em política. Por isso, tive vontade de chamar o Ancelmo para pedir: calma, gente.

Mesmo para os que leem Merval Pereira todos os dias - e isso é imprescindível para quem se interessa por política, concordando ou não com ele - o seu livro "O lulismo no poder" não deixa de ser atual, pois o que foi escrito no calor da hora ganhou uma organização por blocos temáticos que dá aos artigos unidade e sequência.

Merval estuda um fenômeno que costuma provocar ou adesão ou aversão. E muitos equívocos, desde o começo. Ao surgir no ABC paulista, Lula foi classificado pelos comunistas de "invenção" do general Golbery, guru do regime militar. Quarenta anos depois, a oposição cometeu erro parecido, ao achar que ele era um mero aprendiz de Chávez, sem perceber que o personagem é mais complexo - é pragmático e não ideológico, nem de esquerda nem de direita, muito pelo contrário, e cujo governo foi capaz de promover do bom - inclusão social e estabilidade econômica - e do pior - aparelhamento do Estado, corrupção e tráfico de influência.

Mesmo não gostando do seu objeto de análise, o autor procura reconhecer sua importância e evita idiossincrasias, já que pertence a uma escola de repórteres que teve como mestres Carlos Castello Branco e Villas-Boas Corrêa, para os quais o fato é sagrado, não a simpatia política, e a opinião só vale quando endossada pela informação. Como o botânico que não escolhe a planta pela forma ou pela cor, o colunista do GLOBO vem há anos estudando o lulismo e seu criador. O resultado saiu na hora certa.

Entre a obrigação e a devoção-Maria Helena Rubinato

Blog Noblat

 Sou grata ao presidente Fernando Henrique Cardoso por ele ter sabido escolher um time de primeira linha para dar ao Brasil o que nunca tivemos: o real, enfim uma moeda.

Acabar com a inflação indecente e cruel de tantos anos foi, depois das leis sociais de Getúlio Vargas, o melhor que nos aconteceu.

Sou grata a ele por ter escolhido um excelente ministério, formado por pessoas de qualidade. Sou grata a ele pelos celulares e telefones que hoje são arroz de festa na casa dos brasileiros. Sou grata a ele pela demonstração que deu ao passar a faixa ao Lula e pelo respeito ao processo democrático, coisa ainda rara entre nós. Pena que o PSDB não lhe tenha sido grato.

Assim como não posso deixar de ser grata aos militares por terem nos proporcionado a possibilidade de falar ao telefone entre os estados sem ter que marcar dia e hora... pegar o telefone e discar do Rio para São Paulo ou Recife assim como quem ligava do Centro para Copacabana, só quem experimentou o drama que eram as comunicações nas décadas anteriores, pode compreender.

Ou como deixar de ser grata ao governador Carlos Lacerda por ter resolvido o gravíssimo problema da falta d' água no Rio? Ou por ter ligado a Zona Norte à Zona Sul? Só quem viveu no Rio onde de dia faltava água e de noite luz e onde, para ir do Maracanã ao Leblon, era uma longa excursão, se solidarizará comigo.

Todos esses foram perfeitos governantes? Não, longe disso. Alguns até pelo contrário, como os militares ou Lacerda, francamente, que Deus os tenha em sua santa misericórdia.

Como em tudo mais, no comando da nação nem todos foram inteiramente maus, nem inteiramente bons. Todos fizeram algum bem e algum mal ao Brasil. Houve erros e acertos. Outro exemplo: a um grande democrata que nos governou, Juscelino, devemos Brasília. Pois é.

O presidente Lula, por sua vez, acertou ao manter a política econômica do governo anterior. Foi bem sucedido ao adotar os programas sociais que encontrou e vitaminá-los. Foi parte do que prometeu, e cumpriu. Mas, e as outras promessas? O tal país do futuro? Cadê?

Em seu governo camadas inteiras da sociedade brasileira, antes excluídas do mercado consumidor, passaram a ter acesso a bens de consumo como equipamentos eletrônicos, TVs de alta tecnologia, carros, viagens, etc.

Através da concessão de linhas de crédito e de programas sociais que ele só fez ampliar, mas não controlou, o governo Lula criou também uma ilusão coletiva de falsa prosperidade.

Com isso, a nova classe média, a quem falta o principal, educação, passou a acreditar que ascendeu socialmente. A casa pode não ter esgoto, a rua estar um caco, a escola não ensinar, o hospital, quando existe, não ter médicos, "mas eu posso entrar nas Casas Trololó e comprar uma TV de 42 polegadas e por isso amo o Lula!"...

O mais grave é que a nenhuma dessas pessoas, nessas condições, ocorre que, de uma maneira geral, sem saneamento básico, saúde e educação, sua vida não melhorou de forma substantiva.

A ninguém parece ocorrer, também, que um dia a conta disso tudo vai chegar. A verdadeira herança maldita que o Brasil vai receber é essa: o simulacro de prosperidade, sem lastro em um verdadeiro progresso.

Acresce que outro mal maior nos sucedeu: o presidente Lula está convencido que fez o Brasil. Ele se acha a oitava maravilha do mundo, acima do bem e do mal e portanto no direito de nos impingir o que quer. O país é dele e ele nomeia quem quer para tomar conta de seu feudo por breves instantes.

"Eu, ao eleger a presidenta Dilma"! Essa frase diz tudo. É quase um tratado do que é o Lula.

Não vai ser você, nem o Joaquim, nem o João. Quem vai eleger a Dilma vai ser ele. Melhor assim. Quando a conta chegar, e vai chegar, quem vai pagar é ele.

A foto do fim de festa, na Passarela Adoniran Barbosa, em São Paulo, no comício de domingo passado, mostra bem a nossa situação: os olhares, as poses, os pares a bailar e o povaréu lá em baixo, hipnotizado, encantado.

Primeiro a devoção, depois a obrigação, parece ser o lema dos três governos Lula. E que Deus proteja Michel Temer, são meus votos.

Diogo Mainardi Agora, Mozart!


Veja on line


“Entre Lula e o vaso sanitário da Toto, interesso-me muito mais pelo vaso sanitário da Toto. Se o maior mérito de Lula foi ter evitado mexer na economia, posso garantir que o vaso sanitário da Toto teria mexido ainda menos”

Demi Moore tem um Toto. Brad Pitt tem um Toto. Madonna tem um Toto. Leonardo DiCaprio tem um Toto. Nesta semana, imitei-os e também encomendei um Toto.

O que é Toto? Toto é um vaso sanitário. Mais exatamente: Toto é uma marca japonesa de vasos sanitários. O modelo que encomendei foi o Neorest 550. Uma reportagem da revista Barron’s apelidou-o de “Maserati do encanamento”. Para mim, foi a reportagem do ano.

O Neorest 550 tem a tampa aquecida. Segundo a Barron’s, Whoopi Goldberg, que mandou instalar vasos sanitários da Toto em seus seis banheiros, aprecia particularmente essa característica. A tampa sobe e desce automaticamente. E se higieniza depois de cada uso. Para abafar os sons provenientes do banheiro, o Neorest 550 toca Mozart. Enquanto isso, um catalisador se encarrega de eliminar os odores mais repulsivos.

O motivo que me levou a encomendar o Neorest 550, porém, foi outro. Ele possui um mecanismo interno que, acionado por con-trole remoto, funciona como um bidê, borrifando água morna do centro, da parte dianteira e da parte traseira. Em seguida, um jato de ar quente enxuga a área umedecida. Tito, meu menino mais ve-lho, tem uma série de impedimentos motores, mas faz quase tudo sozinho, exceto ir ao banheiro. Com o Toto, Tito poderá superar também essa barreira.

Nos últimos oito anos, publiquei um monte de artigos sobre Lula. A partir deste domingo, com a escolha de um novo presidente, ele ficará para trás. Nunca mais terei de citar seu nome. Nunca mais precisarei saber o que ele diz. Poderei me dedicar a temas menos passageiros, como o vaso sanitário da Toto.

Pessoalmente, meu interesse por Lula sempre foi nulo. Em 2002, quando foi eleito pela primeira vez, eu o via como um gordinho oportunista. Agora, em 2010, depois de dois mandatos sucessivos, continuo a vê-lo da mesma maneira: como um gordinho oportunista. Entre Lula e o vaso sanitário da Toto, interesso-me muito mais pelo vaso sanitário da Toto. Se o maior mérito de Lula, reconhecido por todos, foi ter evitado mexer na economia, posso garantir que o vaso sanitário da Toto, em seu lugar, teria mexido ainda menos. E teria tocado Mozart para abafar os sons provenientes do PT.

Mas, assim como Lula aparelhou a Anac, ele aparelhou também, por longo tempo, minha coluna. Semanalmente, ao abrir a gaveta de minha escrivaninha, eu me surpreendia com o que encontrava e dizia: “Caraca, mais um aparentado de Erenice Guerra está escondido aqui dentro!”. E, em vez de escrever sobre o vaso sanitário da Toto, acabava escrevendo outro artigo sobre Lula.

Neste domingo, Lula tentará eleger uma aparentada de Erenice Guerra como sua sucessora. Será seu ato final. Depois disso, acabou. Escrevo seu nome pela última vez em minha vida: Lula. E agora? Agora, Mozart!

sexta-feira, outubro 01, 2010

Falta de sintonia Celso Ming

O Estado de S. Paulo - 01/10/2010


Desta vez, o principal instrumento do Banco Central destinado a coordenar expectativas, o Relatório de Inflação, não está em sintonia com o que pensa o chamado mercado.

Para os analistas, há risco de que a inflação esteja outra vez escapando da meta. E, para que isso não aconteça, seria preciso puxar pelos juros imediatamente. O Banco Central, por sua vez, insiste em que as pressões da crise global são suficientes para empurrar a inflação para baixo e que o governo vai cumprir seus compromissos na área das contas públicas. Por isso, os juros básicos (Selic) estão de bom tamanho.

A divergência mostra que há um problema na condução das expectativas que provavelmente tem a ver com o vencimento do prazo de validade da diretoria do Banco Central, que não conseguirá responder pelo que virá depois do dia 31 de dezembro. Mas, vamos aos fatos.

Pela primeira vez em muitos anos, o Banco Central está externando preocupações com o aumento excessivo dos salários (acima do aumento da produtividade) e com seu impacto futuro na inflação.

O diretor de Política Econômica do Banco Central, Carlos Hamilton Vasconcelos Araújo, mencionou ontem a elevação dos riscos para o controle da inflação proveniente do forte avanço dos salários reais (já descontada a inflação), apresentando como campeão dessa categoria o setor da construção civil.

A construção civil é um segmento do setor produtivo que está sendo turbinado pelo governo, especialmente pelo programa "Minha Casa Minha Vida". Não é à toa que o crédito hipotecário cresce à velocidade recorde de 51,1%.

À parte as declarações do diretor Carlos Hamilton, o Relatório aponta, preto no branco, os seguintes números: avanço real dos salários no segundo trimestre (em relação a igual período de 2009) de 10,5% no segmento informal da economia e de 1,8% entre os trabalhadores com carteira assinada; crescimento dos salários acima da inflação de 9,9% na construção civil, de 5,6% nos serviços e de 3,6% no comércio. E o salto da massa salarial, de 7,4%. O Relatório acusa ainda o forte aumento no consumo. As vendas do comércio varejista estão 11,5% mais altas.

Esse encadeamento de números não encerra o diagnóstico. Sabemos, por exemplo, que a disparada dos salários e do consumo está sendo alavancada pela expansão das despesas correntes do governo federal (em aproximadamente 17%).

Mas, como das outras vezes, o Banco Central tem conhecida dificuldade em reconhecer as origens fiscais do problema. Prefere apostar em que a meta das sobras de arrecadação para pagamento da dívida (superávit primário) de 3,3% do PIB (cerca de R$ 117 bilhões) será cumprida neste ano. Nesse particular, o Banco Central também fecha os olhos. Não se pergunta se o cumprimento do superávit primário está mesmo assegurado nem tece considerações sobre as mandracarias perpetradas no Ministério da Fazenda para poder enfeitar os balanços com esse número aí.

Assim, o Relatório de Inflação parece apresentar prognóstico algo desproporcional ao diagnóstico que faz. Quando aponta para o salto do consumo e seus riscos, parece tentado a fazer advertências. Mas quando conclui que a inflação vai encerrar o ano "na meta", sugere que dá por concluído o atual ajuste dos juros.

É uma desproporção que concorre para a falta de sintonia. E aí entram as considerações sobre o enfraquecimento do Banco Central em fase final de mandato.

Dinheiro inventado Míriam Leitão

O GLOBO

O governo decidiu confundir a todos. Aproveita a pouca paciência que as pessoas têm em relação ao assunto "contas públicas" para criar um rolo compressor que está tornando os números vazios de significado. A conta baterá sobre nós contribuintes. As despesas aumentaram este ano 17,2%; a dívida emitida para capitalizar a Petrobras, por mágica, virará receita do governo.

Dívida é dívida; receita é receita. Toda pessoa sabe disso. Mas não as estatísticas do governo. Como uma sucessão de truques fiscais, o Ministério da Fazenda está tornando artificialmente superavitárias as contas públicas.

Como é possível a emissão de título que é dívida, vira capitalização do BNDES, aumento de capital da Petrobras e, no fim, entra no caixa do Tesouro como receita? Pois foi essa mágica que ele fez desta vez. Diariamente, sai um truque desses da cartola do Ministério da Fazenda. Todos eles juntos escondem que o governo está gastando demais. Além disso, o Brasil está perdendo um dos avanços das últimas décadas, que foi o aumento da transparência das contas públicas. Hoje, já é impossível seguir uma série histórica de superávit primário, porque ele mede coisas diferentes; não se confia mais na dívida líquida, porque ela virou biombo que esconde o aumento da dívida bruta.

Esse assunto nos diz respeito diretamente. Transparência em gasto público é democracia. Ajuste fiscal não é burrice, como diz Dilma Rousseff, é sensatez. Sem ele, o contribuinte será chamado a pagar mais ao governo.

O regime fiscal do país mudou neste final do governo Lula. O equilíbrio comemorado nos anos Palocci começou a mudar lentamente, mas o regime fiscal se transformou radicalmente durante a crise. O abalo externo foi usado como pretexto para uma licença para gastar e para maquiar números. Assim está sendo feito um superávit primário para inglês ver, mas que não pode enganar a nós mesmos que pagamos a conta.

Veja-se o que foi feito no caso da Petrobras. A União emitiu dívida de R$75 bilhões para capitalizar a Petrobras; R$30 bilhões foram entregues ao BNDES. O banco pegou esses papéis e pôs na Petrobras para acompanhar o aumento de capital. Os outros R$45 bilhões foram transferidos diretamente para a estatal como aumento de capital da União.

Primeira parte da mágica é dizer que essa emissão de título não entra na conta da dívida líquida. A mentira que pregam aqui é dizer que se trata de um empréstimo e que o BNDES, um dia, vai pagar. E se vai pagar, ficam elas por elas. O problema é que o governo se endivida a 10,75% por ano por um prazo curto, e o BNDES, se pagar, o fará nas calendas. Esses R$30 bilhões não são empréstimo, como não foram os R$180 bilhões que o governo já pôs no banco desde a crise.

A segunda parte da mágica é a seguinte: a União vendeu cinco bilhões de barris de petróleo para a estatal, que levará décadas para tirá-los do fundo do mar, e há poucas informações técnicas sobre a existência, possibilidade de exploração e custo real desses barris.

Na terceira parte, a Petrobras devolve os R$75 bilhões como pagamento ao Tesouro desses barris futuros. A diferença entre os R$45 bilhões que foram dados para a Petrobras e os R$30 bilhões que passaram pelo BNDES virarão receita em setembro. Essa é a melhor parte da mágica: um papel que saiu por uma porta e entrou por outra. Papel de mil e uma utilidades: era dívida, deixa de ser, aumenta o patrimônio do BNDES, aumenta a participação que a União tem na Petrobras e ainda vai virar milagrosamente receita em setembro.

Por que o governo faz essa circunavegação fiscal? Para esconder o fato de que está gastando de forma espantosa. Em 2009, era a tal política anticíclica. Gastar para evitar a crise. O ciclo mudou, a gastança continua. E não é verdade que está gastando para aumentar os investimentos. O setor público federal continua investindo em torno de 1% do PIB apenas.

O superávit conseguido em agosto, de R$4 bilhões, só é superávit, porque as estatais anteciparam dividendos no valor de quase R$7 bilhões. Um dos truques é assim: o governo vendeu ao BNDES dividendos da Eletrobras. Isso entrou como aumento de capital do banco para emprestar mais. O banco pagou esses dividendos ao Tesouro e - kabrum! - virou receita em agosto.

Esses contorcionismos fiscais são diários e vão transformando em circo a contabilidade oficial brasileira. Está ficando difícil entender. Esse caminho de esvaziar os indicadores de significados é o escolhido pela Argentina para a inflação. É um perigo. As verdades econômicas não desaparecem por causa das falsificações.

O economista Alexandre Marinis gosta de usar os dados da Receita Líquida total (receita, menos as transferências para estados e municípios). Ele derruba com dados a tese de que os gastos foram para aumentar investimentos.

Por essa medida, o superávit primário caiu de 15,8% da receita em outubro de 2008 para 6,7% em julho de 2010. Os investimentos cresceram apenas de 3,9% para 4,8%. "Os dados mostram que toda a economia gerada com a redução do superávit primário foi queimada com pessoal, previdência e custeio, ao invés de aplicada em investimentos num país com uma infraestrutura à beira do colapso", diz ele, num relatório. Em reais, a queda do superávit em 12 meses foi de R$91 bilhões para R$45 bilhões no período.

No mês que vem, o governo vai "bombar" o superávit primário com essa receita inventada, inexistente, fruto de ilusionismo fiscal. Na hora que a conta chegar ao nosso bolso, ela será real e concreta.

Pré-sal e gastança pública Yoshiaki Nakano

VALOR ECONÔMICO

Segundo as manchetes da imprensa, o Secretário do Tesouro Nacional comemorou que a operação de capitalização da Petrobras resultará, em setembro, na entrada de caixa de R$ 30 bilhões, gerando o "maior superávit história". O presidente Lula festejou também a capitalização da Petrobras, como "a maior do mundo", que gerou a entrada de uma enxurrada de capitais do exterior aumentando mais de 1.100%, de setembro em relação a agosto, batendo recorde histórico. Os especuladores do mercado financeiro comemoram, na mesma proporção, a apreciação do real, que chegou a R$ 1,70 por dólar. Engordando seus polpudos ganhos acima da taxa de juros praticada no Brasil, que permanece a mais alta do mundo, quando o Federal Reserve (Fed, o banco central dos Estados Unidos pratica taxa próxima a zero.

Essa enxurrada de entrada de capitais e a política de juros do Banco Central estão alimentando a expectativa de novas apreciações do real, que poderá se converter num processo de "profecia que se autorrealiza", porém desestabilizadora e catastrófica, no médio prazo. Veja o ritmo assustador de crescimento no déficit de transações correntes, que deverá superar US$ 50 bilhões neste ano. Tudo isto é exatamente o que a hipótese de "doença holandesa" prevê. Mais do que isso, o "boom" no setor de recursos naturais resultará num encolhimento do setor de "tradables" manufaturados, como vem acontecendo, e de forma cada vez mais acelerada no Brasil. Esse efeito destruidor do setor de manufaturados é tão maior quanto mais aberta for a conta de capitais, levando a uma especialização crescente do país em setores exploradores de recursos naturais e não "tradables". (Ver pesquisa cobrindo 90 países e 81 setores manufatureiros, Kareem Ismail, The Structural Manifestation of the "Dutch Disease": The Case of Oil Exporting Countries", IMF Working Paper, Abril de 2010).

Para aqueles que se preocupam com o desenvolvimento do país no longo prazo e com as futuras gerações, não há nada a comemorar com a descoberta do pré-sal e capitalização da Petrobras. Ao contrário, os fatos acima apontados confirmam que o Brasil não tem nem instituições, nem maturidade econômica para se beneficiar, a longo prazo da descoberta de grandes jazidas de petróleo, a exemplo de muitos outros países, como a Venezuela e México, para mencionar apenas os nossos parentes próximos. Não somos a Noruega, que institucionalizou os recursos efetivos vindos da exploração de petróleo, constituindo reserva para o futuro, ou seja, poupança para gerações futuras.

o caso brasileiro, estamos fazendo pior do que faz a Venezuela hoje ou outros países, apreciam a taxa de câmbio consumindo a receita efetiva de exportação de petróleo. O Brasil está apreciando a taxa de câmbio antecipadamente e consumindo uma receita de exportações, que poderá ou não, se materializar no futuro, provavelmente, muito depois da Olimpíada de 2014, ampliando o passivo externo e a gastança pública. É importante lembrar que a receita futura é ainda incerta e existem riscos e desafios tecnológicos não triviais para extrair petróleo em águas do pré-sal.

De janeiro a agosto deste ano, os gastos do governo federal e Banco Central aumentaram 17,2%, em relação, ao mesmo período do ano anterior. A rigor, o Tesouro Nacional está colocando, antecipadamente em caixa, R$ 30 bilhões, próximo de 1% do PIB, para pagar os aumentos galopantes de consumo do governo, particularmente aumento de salários do funcionalismo, dado desde 2008. Lembro que somente esses aumentos representam muito mais do que as receitas futuras agora antecipadas. Não estamos consumindo uma receita efetiva de exportações de petróleo, só isto seria desastroso para um país que poupa e investe apenas 19% do PIB. Estamos antecipando receita futura para pagar gastança passada!

Com a apreciação da taxa de câmbio, além de consumir uma receita futura incerta, estamos destruindo o setor manufatureiro brasileiro que foi construído por gerações passadas, no último século, com a entrada de importações, particularmente de países que mantêm a sua taxa de câmbio ultra-depreciada, como a China. Fábricas são fechadas para se transformarem em importadoras. Muitos setores industriais, num processo regressivo, são obrigados a se especializar em atividades exploradoras de recursos naturais. Veja o exemplo do setor de soja, cujas fábricas de óleo foram fechadas, tornando o Brasil exportador de grãos. Da mesma forma, o setor siderúrgico, que vinha alcançando notável renovação e avanço tecnológicos depois da privatização, está se tornando, cada vez mais, exportador de minério de ferro, e o Brasil de exportador, de repente, está importando em torno de 30% do aço consumido.

Quando analisamos para que setores da indústria os investimentos estão sendo canalizados, dados do IBGE mostram um quadro típico da "doença holandesa": aumentaram, de 1996 a 2008, nos setores baseados em recursos naturais e de petróleo, e diminuíram nos setores de maior valor agregado e intensivos em tecnologia. Não é a toa que o saldo comercial desses últimos setores, que em 2005 era de cerca de US$ 5 bilhões, tenha se transformado num déficit, que deverá atingir US$ 60 bilhões.

Yoshiaki Nakano, ex-secretário da Fazenda do governo Mário Covas (SP), professor e diretor da Escola de Economia de São Paulo da Fundação Getulio Vargas - FGV/EESP.

Uma candidatura movida a gasto público Rogério L. Furquim Werneck

O ESTADO DE S. PAULO

Terão as forças políticas que se opõem a Dilma Rousseff condições de assegurar que a eleição exija segundo turno? A folgada liderança da ex-ministra-chefe da Casa Civil nas pesquisas de intenção de voto não caiu do céu. Foi fruto de gigantesca mobilização de recursos a que recorreu o governo, ao longo de pelo menos dois anos, para transformar uma candidata sem qualquer experiência eleitoral prévia em concorrente viável à Presidência da República. É o momento de olhar para trás e perceber as reais proporções da mobilização fiscal levada à frente pelo governo para montar e nutrir a ampla coalizão política que hoje sustenta o bom desempenho eleitoral da candidata.

A parte menos dispendiosa dessa operação envolveu o Bolsa Família, que adveio da consolidação e da ampliação de programas de apoio à população de baixa renda criados no governo FHC. Bem mais custosa tem sido a política de reajuste sistemático do salário mínimo a taxas substancialmente mais altas que a inflação, que tem onerado em muito as contas da Previdência e de governos subnacionais. Tampouco tem sido fácil acomodar a conta da generosidade dos reajustes salariais com que foi agraciada parte substancial dos servidores públicos federais.

Incomparavelmente mais dispendiosa, contudo, tem sido a mobilização fiscal que permitiu a cooptação da outra extremidade do extenso arco de forças políticas que hoje apoia a candidatura governista. O que se revelou realmente caro não foi angariar o apoio dos mais pobres, mas, sim, dos mais ricos. Nessa linha, merece destaque o colossal programa montado no BNDES para concessão de crédito de longo prazo, a taxas de juros pesadamente subsidiadas, bancado com recursos do Tesouro provenientes da emissão de dívida pública. Desde meados de 2008, foram emprestados pelo Tesouro ao BNDES nada menos que R$208 bilhões. Cifra equivalente a mais de 16 vezes o dispêndio anual do governo com o programa Bolsa Família. Embora tais empréstimos venham sendo contabilizados de forma artificial, para que não apareçam nas cifras de dívida líquida do governo central, o Tesouro não teve como evitar que, em decorrência dessas operações, o estoque de dívida bruta federal mostrasse forte elevação no período.

Muito eficazes, também, para cooptar o empresariado, têm sido as expectativas de favores governamentais que deverão advir do avanço da exploração do pré-sal. Especialmente importantes vêm sendo os lucros esperados com a produção de bens de capital para a indústria petrolífera, sob o guarda-chuva protecionista da exigência de que os equipamentos supridos à Petrobras e outras empresas tenham pelo menos 65% de conteúdo nacional. É claro que a prodigalidade com que tais favores vêm sendo concedidos se faz às custas de brutal encarecimento dos investimentos no pré-sal, com consequente redução do excedente da exploração que poderá vir a ser apropriado pelo governo. O que significa dilapidação de recursos públicos que deveriam ter destinação muito mais nobre, em benefício da grande maioria da população.

É essa frente ampla que vem dando sustentação à candidatura de Dilma Rousseff. Vai dos beneficiários do Bolsa Família ao grande empresariado refestelado no Bolsa BNDES e no Bolsa Conteúdo Nacional. Sua manutenção vem exigindo doses maciças e crescentes de dinheiro público. Basta ter em mente as transferências adicionais de dezenas de bilhões de reais do Tesouro ao BNDES, agora anunciadas, que bem ilustram a desfaçatez com que as contas públicas passaram a ser tratadas no país.

O governo comporta-se como se acreditasse que, com a nova alquimia contábil que desenvolveu, já não tem restrição fiscal a respeitar. Alega ter descoberto a pedra filosofal das finanças públicas: uma fórmula mágica de gestão fiscal que permite transformar emissão de dívida bruta em melhora do superávit primário.

Não há como alimentar ilusões. Esse vale-tudo fiscal é só o prenúncio do que se verá no próximo mandato. A menos, claro, que o eleitorado decida dar um basta. A partir de domingo.

Rogério L. Furquim Werneck é economista e professor da PUC-Rio.

Atos erráticos Dora Kramer

O ESTADO DE S. PAULO

Em 1986, um pouco antes do lançamento do Plano Cruzado, que daria ao então presidente José Sarney um ano de alta popularidade e ao fim dele uma vitória eleitoral espetacular na eleição de governadores do PMDB em quase todos os Estados, Fernando Lyra (ex-ministro da Justiça) e Fernando Henrique Cardoso (senador) fizeram duras críticas a Sarney. A de FH bem mais contundente, em longa entrevista ao Jornal do Brasil.

Comentário de Lyra entrou para os anais das melhores tiradas da política: "Eu pisei no tomate, mas Fernando Henrique pisou no tomateiro."

Entre o ministro e ex-presidente do Supremo Tribunal Federal Gilmar Mendes e o candidato do PSDB à Presidência, José Serra, difícil distinguir quem pisou no tomate e quem esmagou o tomateiro.

Impossível decidir quem teve o pior desempenho na história exposta ontem pelo jornal Folha de S. Paulo sobre um telefonema entre Serra e Mendes, ao que tudo indica, ocorrido pouco antes de o ministro pedir vista da ação direta de inconstitucionalidade do PT contra a lei que exige do eleitor apresentação de dois documentos para votar.

Segundo o relato da Folha de S. Paulo, um profissional do jornal estava presente quando Serra pediu para que fosse feita a ligação. Testemunhou quando um assessor passou o telefone dizendo quem era do outro lado da linha e ouviu quando o candidato atendeu dizendo "meu presidente!".

O candidato e o magistrado erraram feio. Um por telefonar, outro por atender. Isso na hipótese de que não tenham conversado sobre o julgamento que transcorria no STF, coisa que jamais se saberá com certeza.

Não conspira a favor do exigido de um magistrado que no curso do julgamento esteja a conversar com uma das partes.

Sim, porque da forma errática como foi posta em debate essa questão da exigência do título de eleitor e mais um documento oficial com fotografia, ficou convencionado que a lei desfavoreceria o PT e, consequentemente, favoreceria o PSDB.

Da parte do candidato, o gesto de telefonar para o ministro durante a sessão é de uma inconveniência ímpar. Até porque dá margem a comentários, interpretações e suposições que de fato foram feitas a respeito do telefonema e obrigaram o ministro a se justificar várias vezes por meio de indiretas na sessão de ontem.

Serra e Mendes foram mal, mas se lhes serve de conforto, não estão sozinhos no que tange à falta de apreço à melhor conduta.

Deixemos de lado o comportamento do presidente da República, por já exaustivamente comentado, e passemos direto aos votos do restante do colegiado no momento em que Gilmar Mendes interrompeu o julgamento: sete votos em favor da ação indireta de inconstitucionalidade.

Todos absolutamente lógicos no tocante à dificuldade que sem dúvida alguma a exigência impõe ao eleitor. Mas naquela sessão não houve a decretação da inconstitucionalidade da legislação. Tampouco isso ocorreu na sessão do dia seguinte (ontem) que concluiu a votação com o resultado de 8 a 2 em favor da não-obrigatoriedade da apresentação do título de eleitor.

Os magistrados recorreram a critérios de "proporcionalidade" e "razoabilidade" - e não a normas constitucionais - para atender ao que pedia a ação direta de inconstitucionalidade.

Aos partidários que se revoltam ou comemoram a decisão do tribunal convém lembrar que em tese não estava em jogo uma questão eleitoral.

Tanto que no ano passado quando o Congresso votou a emenda à legislação eleitoral nenhum líder partidário discordou e, depois disso, o presidente Lula sancionou a lei.

Só ocorreu ao PT que ela poderia ser prejudicial ao eleitor quando teve certeza de que seria maléfica para a candidatura Dilma. Antes de essa hipótese ser aventada com rigor, até a semana passada não havia reparos a serem impostos à legislação.

Ao Supremo realmente não cabe examinar a motivação, embora coubesse analisar a constitucionalidade e não a conveniência, de todo modo muito pertinente quanto ao mérito da questão.

Confuso? Pois é, como tudo o mais nesta brasileira República federativa.

Dilma, na margem de erro Merval Pereira

O GLOBO

O que parece que está acontecendo neste momento da campanha presidencial é que a decisão está mesmo na margem de erro. A média das últimas pesquisas dá uma vantagem para Dilma Rousseff sobre a soma dos demais candidatos de 2 a 5 pontos percentuais, o que permitiria sua vitória já no primeiro turno. Mas pode faltar fôlego no final da campanha, dependendo de alguns fatores, como uma abstenção maior no Nordeste, por exemplo, que em parte foi amenizada pela decisão do Supremo Tribunal Federal de exigir apenas um documento com fotografia para o eleitor votar, sem necessidade de mostrar o título de eleitor.

Também o crescimento da candidata do Partido Verde, Marina Silva, pode ser maior do que está sendo captado por alguns institutos de pesquisa.

O Partido Verde tem levantamentos próprios que indicam que sua candidata está crescendo muito em capitais como Rio e Belo Horizonte, tirando votos especialmente de Dilma Rousseff.

Tanto os levantamentos do PV quanto os do PSDB indicam que Marina tem potencial para chegar a mais de 15% de votos válidos, os mais otimistas achando que ela pode beirar os 20%.

Mas qualquer escorregão de qualquer dos candidatos pode influenciar na decisão final do voto. Não é à toa que a candidata Marina Silva, além de visar a favorita Dilma Rousseff na questão do aborto, está também atacando o candidato tucano José Serra, afirmando que ele não tem competitividade para disputar um segundo turno.

Apresentando-se como a única alternativa real para derrotar Dilma num eventual segundo turno, Marina procura esvaziar seu adversário tucano e estimular o voto útil dos que querem derrotar o PT.

Os temas delicados serão colocados para os candidatos, como a questão do aborto, que também é uma complicação para Marina junto ao eleitorado mais progressista, que considera que ela é muito conservadora em questões morais justamente por ser evangélica.

Marina poderá receber votos de um eleitorado mais conservador, e perder votos em um eleitorado mais progressista que normalmente teria o Partido Verde como opção ao petismo.

Também o candidato tucano José Serra será confrontado com suas últimas promessas claramente eleitoreiras, como o 13º salário para o Bolsa Família ou aposentadoria integral para o funcionalismo público.

Ao mesmo tempo ele acenou com a possibilidade de mudar a idade para a aposentadoria, um tema tabu para os que estão com projetos de aposentadoria.

Mais uma vez parece que a eleição será decidida dentro da margem de erro, como vem acontecendo desde 1998, na reeleição do então presidente Fernando Henrique Cardoso. Sua eleição em 1994 foi mais tranquila, já no primeiro turno com 54,3% dos votos válidos, sem grandes emoções.

Quatro anos depois, com a crise econômica forte e a desvalorização do Real se tornando incontornável, ele foi reeleito com 53,1%, mas ficou até o último momento da apuração em suspense.

Em 2002, o candidato do PT, Lula, foi para o segundo turno com 46,4% dos votos, e em 2006 ficou com 48% no primeiro turno.

O país tem ficado muito dividido em todas as eleições. E mesmo que o presidente Lula chegue perto de 80% de popularidade, não conseguiu retirar do pleito esse caráter de divisão de forças políticas, como se verifica agora.

Há estudos que demonstram que os institutos de pesquisas tendem a aumentar os índices dos candidatos favoritos nas eleições, o que quase sempre não se confirma nas urnas.

A decisão final do eleitor fica dependendo de pequenos fatores. Por isso, o presidente Lula voltou a entrar na campanha para defender sua candidata dos ataques que vem sofrendo nos últimos dias por conta das questões delicadas - como o aborto - no último programa eleitoral.

Essa questão está abalando tão fortemente os votos dos eleitores religiosos, católicos ou evangélicos, que uma movimentação maior foi necessária para tentar apagar o foco de incêndio, e até mesmo o Bispo Edir Macedo, da Igreja Universal, foi convocado pelo governo para defender Dilma. Logo ele, que se declara a favor do aborto.

É bom lembrar que na última eleição para senador no Rio o candidato do PP, Francisco Dornelles, superou Jandira Feghali nos últimos dias de campanha justamente devido à posição dos partidos de esquerda a favor do aborto.

Esse tema pode ter levado o Datafolha a captar uma reação mais intensa do eleitorado na segunda-feira, dia 27, quando registrou uma queda mais acentuada da diferença entre Dilma e os adversários.

Acontece que, no fim de semana anterior, as igrejas haviam feito pronunciamentos fortes contra o PT e sua candidata por conta do apoio ao aborto.

Segundo especialistas, as diferenças nas medições se devem às metodologias utilizadas pelos institutos de pesquisa. O Ibope, o Vox Populi e o Sensus adotam os setores censitários do IBGE como base para as entrevistas domiciliares, indo às áreas urbana e rural do país, segundo as variáveis sexo, idade, escolaridade e renda da população.

O Datafolha utiliza o método do fluxo de ponto, com pesquisas realizadas com as pessoas circulantes em pontos específicos dos municípios, segundo as variáveis sexo e idade.

O fluxo de ponto é uma metodologia mais fluida do que a domiciliar. O National Opinion Research Center da Universidade de Chicago recomenda que as pesquisas de fluxo de ponto devam ter o dobro do tamanho amostral que as domiciliares para obterem a mesma margem de erro, com o controle mínimo das variáveis sexo, idade, escolaridade e renda para a obtenção apropriada da amostra coletada.

Por isso, a amostra do Datafolha é sempre de 10 mil pesquisados, quase o triplo dos demais institutos. Numa eleição apertada como essa, qualquer desvio de cálculo pode comprometer o resultado final. Somente no domingo saberemos quem está com a razão.

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