Entrevista:O Estado inteligente

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domingo, setembro 26, 2010

MARIANO GRONDONA Urge descifrar el insólito ADN del ex presidente

La causa por la cual Néstor Kirchner aventajó de entrada tanto a sus rivales como a sus aliados en la carrera por el poder fue que pudo desconcertarlos de continuo con maniobras imprevistas, conservando en sus manos de este modo el vital poder de iniciativa . Maquiavelo aconsejaba al príncipe abrumar a los grandes y al pueblo con una osada sucesión de inesperados proyectos, para mantenerlos pendientes de él. No hay duda de que Kirchner obra de una manera diferente si se lo compara con los actores que lo rodean o lo enfrentan, y logra así reducir a unos y a otros a una actitud expectante, a una suerte de pasividad que condena a sus aliados a la obsecuencia y a sus rivales al vicio fatal del "antikirchnerismo", cuyo infortunio consiste, al igual que el "antiperonismo" de los años cincuenta, en obrar sólo por reacción, como si oponerse a las iniciativas de Kirchner sin plantear "otras" iniciativas ajenas a él fuera su único libreto.
Decimos de alguien que es "insólito" cuando su conducta es tan infrecuente que la tenemos por única. Kirchner actúa de un modo insólito. Pero no sólo su acción, su estilo, son insólitos. El, en sí mismo, lo es. Ya provenga de un peculiar código genético o de una niñez desafortunada, esa persona que llamamos "Kirchner" no es comparable con ninguna otra. Por eso sorprende una y otra vez. Por eso ha gozado hasta ahora del poder de iniciativa. Pero, para oponerse a él con eficacia, no bastaría con reaccionar tardíamente contra cada una de sus transgresiones al buen sentido de aquellas otras personas a las que consideramos "normales" porque Kirchner, simplemente, no es normal. Sigue su exclusiva senda. Esta originalidad no proviene de una estrategia trabajosamente forjada, sino de las entrañas de su propio ser. Mientras alguien no descifre su ADN, mientras alguien no consiga desentrañar las raíces de un carácter que no es negociable, que es irrenunciable porque es más fuerte que su propio portador, el ex presidente continuará siendo el hombre fuerte de la Argentina. De nada valdrá ni siquiera condenarlo por perverso, como hacen los opositores. El único método para neutralizarlo es entenderlo; es recorrer los intrincados pliegues de su código genético para descubrir recién entonces el antídoto que podría anularlo.
El código K
A fuerza de frustraciones y disgustos, podría decirse que tanto la oposición como los observadores independientes han avanzado laboriosamente en esta crucial tarea. Para apoyarla con fundamento, quizá sería útil recordar el famoso libro 1984, en el cual su autor, el inglés George Orwell, descifró el código genético del totalitarismo. Publicado en 1949, cuando el estalinismo avanzaba hacia la dominación de medio mundo, 1984 advirtió que la puerta de entrada del totalitarismo es la tergiversación del lenguaje político, para alentar a los fanáticos y confundir a los ingenuos. Cuando hablaban de "guerra", así, los protagonistas de 1984 la llamaban "paz", cuando hablaban de "opresión" la llamaban "libertad" y cuando hablaban de "discriminación", la llamaban "justicia". El poder absoluto no era según ellos el despliegue de un mando despótico, sino la obra fraterna del Hermano Mayor, que vigilaba celosamente a los ciudadanos, convertidos en súbditos, hasta en la intimidad de sus casas.
Kirchner alberga en su mente, de un modo comparable, su propio diccionario distorsivo. Como tantos otros políticos, busca el poder. Pero en tanto que la lucha por el poder es para los políticos "normales" una competencia enérgica pero en el fondo amistosa, deportiva, casi un juego, porque saben que quienquiera que prevalezca en ella sólo logrará un poder limitado por los demás poderes y atado al vencimiento inexorable de un plazo, esa misma competencia es para Kirchner una verdadera guerra , a todo o nada, en el curso de la cual la victoria, y la derrota, sólo podrían ser absolutas. Lo decían los romanos en sus guerras: "¡Ay de los vencidos!". Por eso Kirchner le puso a su movimiento Frente para la Victoria, como si obtenerla fuera su único y excluyente objetivo sin consideración por ideales como la libertad, el desarrollo o la justicia social que levantaron otros movimientos políticos. Cuando dijo que "la guerra es la continuación de la política por otros medios", Carl von Clausewitz, el mayor de los estrategos de Occidente, suponía que lo que hay que buscar primero es la paz de la política, de la diplomacia, y que sólo en su defecto los ejércitos se pondrían a marchar. Si tuviera que comentar a Clausewitz, Kirchner diría que la política, aun en democracia, "es la continuación de la guerra por otros medios".
¿Ganar o perder?
A partir de estas primeras nociones, para Kirchner "ganar" no es, como para el común de los políticos, prevalecer por un tiempo hasta que se cumplan los plazos o prepararse para negociar con el vencido circunstancial, porque para él "ganar" es someter y "perder" no es, como acaba de hacerlo notar Natalio Botana, asumir "la aceptabilidad de la derrota", sino preparar la venganza . Así lo ha demostrado en sus combates con el campo y con Clarín . Ya se llamen las Fuerzas Armadas, la Iglesia, la prensa independiente o, ahora, la Corte Suprema, los industriales y hasta la clase media, enfrentada según Cristina Kirchner con sus "morochos", todos aquellos que se animen a discrepar con Néstor Kirchner alargan la lista de sus enemigos. En el umbral de esta lista negra ya figuran personajes todavía dubitativos como Daniel Scioli, los intendentes del Gran Buenos Aires y hasta algunos gobernadores que todavía son capaces de arrastrar los votos que la nula simpatía de Kirchner y su crispación interminable amenazan con ahuyentar.
¿Cómo espera ganar Kirchner si suma sin cesar nuevos enemigos? Su política, ¿no es por ello, en el fondo, irracional ? No necesariamente, porque el ex presidente guarda todavía cerca del pecho algunas cartas no desdeñables. Una de ellas es la bonanza económica que resulta del "viento a favor" generado por la irrupción de China y la India en los mercados internacionales. La otra es la posible influencia de poderosos motivadores psicológicos. ¿No contará acaso la indiferencia política de vastos sectores que, al ver que ahora les va bien, podrían preferir que las cosas sigan como van? ¿No pesará también el miedo que provoca en más de un actor político o económico la agresividad del ex presidente? ¿Y no le servirá de nada a éste, además, la codicia de aquellos que lucran o esperan lucrar con la lluvia de subsidios generados por la corrupción oficial? Kirchner aún apuesta a que no sólo la suerte, empujada por el fuerte viento a favor de los precios internacionales, sino también la debilidad humana de aquellos que le temen o que codician los favores de su escandalosa "caja", vuelquen finalmente en su favor las veleidades del destino.
Kirchner no cree en las virtudes humanas, y éste es otro componente vital de su código genético. Aspira, al contrario, a explotar los defectos humanos cuando la cuenta regresiva llegue al punto final. ¿Se equivocará, acaso, de medio a medio? Su sueño es que, aun cuando los argentinos sean más virtuosos de lo que él supone, la oposición no acierte a encaminarlos hacia un desenlace no sólo "anti", sino también "poskirchnerista", republicano. La historia, en cierto modo, nos desafía. La palabra desafío significa que alguien nos quita la fianza, el "afío", porque ha dejado de creer en nosotros. La antítesis del desafío es la confianza . Los argentinos, ¿la mereceremos de aquí a trece meses?

JOAQUÍN MORALES SOLÁ El último recurso de los Kirchner

Es, dicen, el último recurso en medio de un desierto. Ese auxilio casi imposible consiste en que Néstor Kirchner pueda mostrarse ante el peronismo como un líder en condiciones de domesticar a la Corte Suprema de Justicia y a los medios periodísticos independientes que aún quedan. El peronismo volvería a bajar la cabeza en ese caso. Esta es su deducción. Quizá no sea una estrategia errada, pero tiene un problema sin solución: carece de posibilidades de concretarse. Abandonado por los empresarios con fina percepción de los cambios políticos y en manos de funcionarios chambones y de gremialistas codiciosos, los Kirchner necesitan, en efecto, un cambio urgente de las reglas del juego.
Los empresarios han concluido que la etapa kirchnerista está técnicamente concluida . La frase se escuchó de boca de un importante empresario, que trataba de explicar las notables distancias que los hombres de negocios pusieron con el Gobierno en las últimas semanas. La Corte no gobierna, pero sí debe poner límites. Esa es su función . El duro concepto pertenece a uno de los siete jueces importantes del país. Para unos, la cercanía con los Kirchner es tóxica; para los jueces, la opción de ellos se reduce a elegir entre independencia o sumisión.
Un gobierno embravecido mandó nuevas mareas de inspectores impositivos a casi todos los empresarios más renombrados del país. Ustedes quieren desestabilizar al Gobierno , le dijo a un directivo empresarial un desconocido ministro de Trabajo, Carlos Tomada, otrora valorado por sus condiciones de hombre moderado. Tomada no es el único que cambió los hábitos de paloma por los de halcón. La Presidenta y otros funcionarios de menor jerarquía se despacharon, al mismo tiempo, contra una Corte a la que intuyen golpista. Ese es un viejo e incorregible fantasma de Cristina Kirchner.
El problema esencial de la administración es la vacuidad de sus argumentos, que no pocos toman como el dogma de una religión nueva y confusa. Aníbal Fernández y el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, señalaron que la resolución del máximo tribunal sobre el ex fiscal de esa provincia Eduardo Sosa es de "cumplimiento imposible". Ese dictamen sobre Sosa desató la flamante guerra entre el Poder Ejecutivo y la cima del Poder Judicial. Carlos Zannini no fue traicionado en su buena fe cuando lo grabaron diciendo que ellos no habían nombrado a la actual Corte "para hacer esto". Zannini habló ante dos micrófonos visibles.
¿Es de cumplimiento imposible el fallo de la Corte que ordenó la restitución del ex fiscal? El gobernador Peralta firmó un decreto el 21 de diciembre del año pasado en el que dice textualmente que "es voluntad del Ejecutivo provincial acatar el fallo en cuestión". Un mes antes, en noviembre, la Corte Suprema le había ordenado la restitución de Sosa. En el último artículo de ese decreto, el gobernador escribió una frase contundente: "Dar por acatado el fallo". Desdobló las funciones de fiscal y lo nombró a Sosa en una de las dos fiscalías creadas. Peralta notificó a la Corte de su decisión.
En resumen, la Corte lo denunció ahora penalmente y ante el Congreso de la Nación porque el gobernador ni siquiera cumplió con su propia promesa. Ese decreto fue enviado por Peralta a la Legislatura provincial, pero Néstor Kirchner les ordenó a los legisladores santacruceños su inmediato cajoneo. El decreto todavía duerme en los cajones.
El otro argumento es el de la invasión de la jurisdicción provincial, meneado sobre todo por Zannini en aquella reciente grabación. La decisión de intervenir en ese conflicto fue tomada por la Corte anterior hace 12 años, en 1998, y fue repetidamente consentida por la provincia, como se refleja en aquel decreto de Peralta. Los miembros de la actual Corte Suprema se limitaron a hacer cumplir varias sentencias del máximo tribunal sobre el caso Sosa; esas sentencias no pueden quedar incumplidas sin afectar seriamente el Estado de Derecho. ¿Qué razones existen, entonces, para que se considere afectado el federalismo?
Uno de los motivos de la ira kirchnerista contra la Corte es el caso Santa Cruz en sí mismo. La destitución de Sosa tuvo como protagonistas a la actual jerarquía gobernante en pleno. Néstor Kirchner era gobernador de Santa Cruz y a él lo estaba investigando Sosa cuando éste se quedó sin cargo. Cristina Kirchner, Zannini y Julio De Vido eran legisladores o funcionarios provinciales importantes en la época en que sucedió la cesantía del fiscal. Todos cometieron un acto inconstitucional.
El otro motivo es la necesidad del matrimonio gobernante de mostrar al tribunal como un enemigo que debe ser derrotado. Saben que sólo falta que el juez Eugenio Zaffaroni deposite su voto a favor del Gobierno en el caso de la ley de medios para que los Kirchner tropiecen con una medida definitiva de no innovar en el artículo más polémico de la ley, el 161, que ordena la desinversión por parte de los actuales propietarios de empresas audiovisuales en el perentorio plazo de un año. Con seis votos en contra del Gobierno, la Corte nunca desistirá de las buenas formas. El voto de Zaffaroni debe existir para que cobren vida concluyente los otros votos, que ya existen.
Es indescriptible la manera cómo afectó a la Argentina el caso Papel Prensa . El relato corresponde a un alto ejecutivo de la City de Londres, acostumbrado a negociar con bonos argentinos. El caso es dramático, además. Los dos principales diarios argentinos fueron denunciados formalmente por el Gobierno por supuestos delitos de lesa humanidad, con argumentos que oscilan entre la hipocresía y la invención. El testimonio del presidente del directorio de LA NACION ante un escribano, que relató una reunión privada con Lidia Papaleo, es uno de los documentos más claros sobre la manipulación oficial de los derechos humanos. Papaleo no le contó a él razones humanitarias para hacer lo que hizo, sino ofrecimientos oficiales de dinero valuado en dólares y enredos familiares también por plata.
Tal vez uno de los actos más chapuceros del Estado de los Kirchner haya sido presentar una querella contra LA NACION y Clarín pidiendo oficialmente la indagatoria de dos personas que están muertas, Manuel Campos Carlés y Patricio Peralta Ramos. O ni la muerte termina con el odio o el Estado, que sabe escuchar teléfonos ajenos, no sabe investigar en el registro de los argentinos vivos y muertos. Que la espectacular denuncia la haya firmado un simple secretario de Estado muestra que ni el Gobierno está convencido de lo que dice , argumentó un importante juez nacional.
¿Por qué, entonces? En días recientes, durante una reunión con editores de diarios del interior, Néstor Kirchner, que no frecuenta la estratosfera discursiva de su esposa, se explayó con un pensamiento que podría esconder la clave de todo: Los diarios siguen fijando la agenda informativa del resto de los medios y lo seguirán haciendo por mucho tiempo , se sinceró. Los diarios son, así las cosas, la matriz originaria del periodismo que no le gusta.
En esa misma reunión, Cristina y Néstor Kirchner reflotaron un término de los años setenta, "sustitución de importaciones", para anunciar lo que quieren hacer con el papel para diarios. Cerrarán seguramente la importación de ese insumo básico (abierta ahora) y el Estado se hará cargo del suministro del papel a los diarios. Es imposible una noticia peor para el periodismo independiente.
¿Fuerza o debilidad? Debilidad. Hugo Moyano mismo es otro síntoma de la fragilidad del kirchnerismo. Sus proyectos son funcionales a él mismo, aunque los Kirchner deban inclinarse ante ellos. En efecto, sólo un fulminante golpe de poder restablecería el liderazgo del matrimonio en el peronismo. El proyecto es una utopía. Ni la Corte Suprema ni los medios independientes están dispuestos a una rendición tan obscena como inmoral.

domingo, dezembro 13, 2009

El cronograma de un final anunciado Por Mariano Grondona

La cuenta regresiva del poder kirchnerista ha comenzado. El jueves 3 de este mes, la oposición tomó el control de las comisiones del nuevo Congreso. El jueves 10, el nuevo Congreso se constituyó formalmente, dejando al kirchnerismo en minoría. Pero ambas fechas, acompañadas por la importante manifiestación "del campo y la ciudad" que tuvo lugar en el Rosedal este último jueves, no son definitivas porque todas ellas forman parte de una serie de pasos que comenzaron antes de ellas y que culminarán después de ellas. Estamos, por lo tanto, en medio de una secuencia de acontecimientos que marcaron y que marcarán las fases de un único proceso: la exaltación seguida por la degradación del poder absoluto de Néstor Kirchner a partir del punto en el que este proceso nació hasta alcanzar su apogeo y en dirección del punto final en donde acabará. Conviene ordenar por ello esta secuencia cuya duración será finalmente de ocho años y seis meses y medio, desde el 25 mayo de 2003 hasta el 10 de diciembre de 2011.

El 25 de mayo de 2003, Kirchner asumió el poder. El 10 de diciembre de 2007, cuando Cristina Kirchner sucedió a su marido gracias a una elección en la que había obtenido el 46 por ciento de los votos, marcó elapogeo del kirchnerismo. Pero el 17 de julio de 2008, cuando el Senado rechazó la famosa resolución 125 gracias al voto de 36 senadores y al desempate del vicepresidente Cobos, comenzó la declinación del poder kirchnerista. Mientras el apogeo de los Kirchner duró algo más de cinco años, así, su declinación promete prolongarse por algo más de tres años, hasta el fin del período presidencial de Cristina.

El 28 de junio de 2009, la declinación de los Kirchner se acentuó cuando perdieron ampliamente las elecciones parlamentarias y el caudal de sus votos retrocedió del 46 al 25 por ciento. Pero incluso antes de aquella fecha comenzó la enconada resistencia de Kirchner al vuelco adverso del electorado que ya se preveía, mediante medidas como el adelantamiento de las elecciones y las famosas "candidaturas testimoniales" que buscaban recuperar con ayuda de la popularidad de gobernadores e intendentes el apoyo que el matrimonio presidencial estaba perdiendo. Entre junio y diciembre de este año pudimos asistir a la breve e intensa campaña de los perdedores para apurar en el viejo Congreso una serie de leyes que ya no podrían obtener en el nuevo. Y así fue como llegamos al 3 y al 10 de diciembre, que contemplaron el acceso al Poder Legislativo de la oposición victoriosa en los comicios de junio.

En la nueva estación

En esta estación es donde ahora nos hallamos. A lo largo de 2010 la oposición, que dominará el Congreso, logrará probablemente la aprobación de nuevas leyes mediante las cuales espera sustituir el falseamiento de los datos económicos del moribundo Indec por un nuevo instituto de estadística y censos que resulte creíble, acabar con el cepo al que ha sometido el Consejo de la Magistratura a la independencia de los jueces e ir arrebatándole a Kirchner el manejo arbitrario de la "caja" fiscal que le había permitido someter hasta ahora a las autonomías provinciales.

El segundo domingo de agosto de 2011, sólo dos meses y medio antes de la próxima elección presidencial, habrá elecciones internas y abiertas dentro de los partidos, destacándose entre ellas "la madre de todas las batallas" por el control del justicialismo en el Gran Buenos Aires que librarán lo que quede para entonces del kirchnerismo y el resurgente "peronismo federal", que ya lo venció en junio de este año. El cuarto domingo de octubre de 2011 tendrán lugar los comicios presidenciales y el 10 de diciembre de 2011 jurará, finalmente, el nuevo presidente. Pero no habría que ignorar en este recuento que recién en esta última fecha asumirá el primer Congreso que expresará tanto el humor de 2009 como el humor de 2011, dejando atrás al "nuevo Congreso" que acaba de asumir y que, al contrario del que tendremos en 2011, sólo expresa "parte" del pronunciamiento electoral del 28 de junio, ya que todavía subsiste en la mitad de la Cámara de Diputados y en los dos tercios del Senado el humor kirchnerista de 2007, el residuo final de un tiempo pasado cuyos efectos todavía subsistirán parcialmente en los dos años que correrán entre hoy y 2011.

El proceso de exaltación y de degradación del kirchnerismo abarca, por lo visto nueve fases de 2003 al 2011, que marcan como en un electrocardiograma las idas y venidas del intento del matrimonio Kirchner de quedarse con todo para terminar en nada, dos fases "ascendentes" de 2003 a 2007 y siete fases gradualmente "descendentes" de 2008 hasta su agotamiento en 2011, cuando la república democrática cuyo ideal concibieron nuestros mayores a partir de 1853, y cuyo eclipse se hizo presente a partir de 1930, vuelva a brillar.

De abajo arriba

Este proceso de exaltación y degradación del poder kirchnerista, que parece desordenado, responde sin embargo a la lógica democrática. ¿Quién manda, en efecto, en la democracia? Manda el pueblo. Cuando una minoría que había obtenido una mayoría como la que benefició a los Kirchner entre 2003 y 2007 se empeña en encerrarse en sí misma, tarde o temprano el pueblo recupera el ejercicio de su soberanía , ese poder que está "sobre" todos los demás. Y si el vuelco del pueblo terminó por manifestarse en forma contundente en los comicios de 2009 y promete consolidarse de aquí a dos años, lo que sorprende ahora es que los Kirchner, en vez de inclinarse democráticamente ante el nuevo humor del pueblo, se hayan empeñado en resistirlo mediante una sucesión de recursos desesperados a la que piensa sumar el veto, legalmente posible pero políticamente inviable. Otros países, como Uruguay, Brasil y Chile, que vota hoy, no han exhibido este tipo de enconada resistencia antidemocrática que caracterizó a los Kirchner. Si hacemos el esfuerzo de mirar las cosas desde el ángulo de ellos, sin embargo, ¿podían hacer otra cosa?

Si bien su obcecación desde el poder que todavía tenían sorprendió a muchos, ella era, en cierto modo, previsible. Lo era, por lo pronto, si tomábamos en cuenta su propia vocación autoritaria. Pero debe reconocerse también que si se hubieran plegado al nuevo humor de los argentinos, y habida cuenta de que este drástico cambio de humor había sido de su exclusiva factura, probablemente ese descenso de la cumbre del poder, que no han podido evitar pese a sus ardides, igualmente se habría producido. A los presidentes en situación terminal se los llama "patos rengos". Vista su percepción del poder como un juego a todo o nada, también parece lógico pensar que la apertura al diálogo al que la oposición los invitaba no habría podido evitar la catástrofe política a la que ahora se asoman. Quizá por eso los Kirchner no se animaron a dialogar ni a ceder desde su nueva posición minoritaria, temiendo que esto fuera interpretado como un signo de debilidad. En medio de una cultura política inclinada a la obsecuencia ante los vencedores y a la traición a los vencidos, ¿tenían acaso los Kirchner otra salida que la que terminaron por escoger sin resultados?

Así como en la cruenta historia que Shakespeare inmortalizó al describir la aciaga suerte de lord y lady Macbeth, el lector atento puede prever desde su mullido sillón la tragedia que inexorablemente se avecinaba, los argentinos hemos podido apreciar, aunque ya no desde un mullido sillón sino en un país asolado por la insolente ambición de sus émulos actuales, que lo que finalmente ha estallado entre nosotros no es una tragedia exclusivamente shakespeariana sino una tragedia bien argentina.

La mala hora de dos presidenciables Por Joaquín Morales Solá

Mauricio Macri y Daniel Scioli están en el ojo de huracanes diferentes, pero huracanes al fin. Los dos tienen proyectos presidenciales para 2011, aunque la representación a la que aspiran es muy distinta una de la otra. La única condición que une a Macri y a Scioli es que, al revés de los otros candidatos presidenciales, ellos tienen ahora la responsabilidad de gobernar distritos difíciles, complejos y excesivamente expuestos. Las comparaciones terminan ahí.

Todo lo demás es muy diferente. Macri tiene ideas abiertamente opuestas a Kirchner; quiere ser la alternativa a las corrientes y los estilos liderados por el ex presidente, y decidió enfrentarlo con decibeles cada vez más altos. Scioli piensa distinto de Kirchner, pero dice las mismas cosas que dice Kirchner; anhela convertirse en una especie de heredero consentido de la dinastía gobernante y jamás se rebeló ni se rebelará contra el kirchnerismo. Por esta subordinación al ex presidente perdió hasta la solidaridad de su propio hermano, José Scioli, que no estará más a su lado.

Macri se enfurece a veces porque los porteños son los únicos argentinos que lo valoran menos que el resto de sus compatriotas. Su gestión como presidente de Boca lo ha hecho un hombre muy popular en el interior del país. Es un notable capital para cualquier político. Los sofisticados porteños, en cambio, lo sopesan como gobernante con implacable rigor.

Un conflicto que ningún porteño ha provocado es el de la vocación de Macri para crear escándalos donde no los hay. Hechizado por las figuras famosas (y esta atracción la comparte con Scioli), terminó haciendo de cada designación reciente una batahola de enormes proporciones. Eligió no innovar en cuestiones fundamentales ni explorar entre las generaciones jóvenes; se volcó, en cambio, hacia figuras que arrastran viejos combates.

El comisario Jorge "Fino" Palacios trasladó con él la antigua pelea interna de la Policía Federal y la de ésta con los omnipresentes servicios de inteligencia oficiales. Palacios fue una designación personal de Macri, en la que ni siquiera intervino mucho su ministro de Seguridad. También fue su obstinación, hasta que terminó despidiéndolo cuando ya era demasiado tarde.

Abel Posse es un intelectual al que, como tal, lo entretienen las palabras y los conceptos. Tiene ideas rotundas sobre temas complejos, que son resistidas hasta por la clase media porteña con veleidades progresistas. Su pertenencia a la ortodoxia del peronismo lo enfrentó duramente con el peronismo revolucionario que los Kirchner dicen expresar. Siempre lo mismo: el pasado como presente perpetuo.

De todos modos, el compromiso de fondo de los funcionarios es con sus actos más que con sus palabras; Posse sigue provocando como un intelectual. Designado ministro de Educación, sólo puede exhibir como antecedente en ese terreno su devoción por la mística educativa de Sarmiento. Mucho más no sabe cuando debe adentrarse en las complicadas técnicas de la educación.

Pero Macri no buscó especialistas en educación (como sí lo es el ministro renunciado Mariano Narodowski). Hurgó siempre entre personas conocidas y respetadas, como el prestigioso filósofo Santiago Kovadloff o el popular rabino Sergio Bergman. Estos rechazaron funciones para las que no están suficientemente preparados. Posse, combativo y frontal como es, aceptó el desafío en el acto.

La decisión se tomó en una reunión de Macri con tres personas (Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña y Jaime Durán Barba), sin consultar con nadie más. Fue una decisión express , contaron en el gobierno porteño. Posse dijo que sí no bien lo llamaron por teléfono. La consecuencia, que nadie pudo advertirle al jefe del gobierno porteño, consiste en un enfrentamiento monumental con todos los partidos opositores y con los gremios docentes, que amenazan con hacerle la vida imposible al nuevo ministro. El influyente consultor Durán Barba le aconsejó a Macri que ni siquiera pensara en dar marcha atrás.

Soy como un imán para el griterío , trataba de atemperar Macri el viernes. Dos conclusiones son, no obstante, inevitables. Una: hay un sistema de toma de decisiones en el macrismo que está en crisis y que se refiere a cierto encierro del líder porteño. Nadie quiere decirle que no a Macri , confesó un alto funcionario capitalino.

La otra conclusión: Duhalde se enteró de la designación de su amigo Posse cuando éste ya había aceptado el cargo. No hubo acuerdo previo del ex presidente ni pudo haberlo: el flamante ministro aceptó de inmediato y sin condiciones. Luego, Posse habló con Duhalde, que estaba en el exterior, para contarle la novedad. La tensa relación entre Duhalde y Macri (más por decisión de Duhalde que de Macri) está igual que antes.

Sólo Aníbal Fernández corrió en ayuda de Macri, como suele hacerlo siempre: es suficiente que el jefe de Gabinete critique una decisión del jefe capitalino para que gran parte de la sociedad se vaya con éste. El ministro y su jefe, Kirchner, socorren cuando intentan hundir y provocan la compasión cuando buscan el repudio del enemigo. El kirchnerismo es así y nunca aprendió otra lección.

Scioli tiene problemas mucho más graves que Macri; debe vérselas con conflictos mayores que los que engendran un espía descarriado o un intelectual distraído. Imposibilitado de distanciarse de Kirchner, como se lo aconsejan todos los políticos a los que consulta, el gobernador decidió buscar un consuelo en la esperanza de que el ex presidente termine ungiéndolo como candidato propio en las presidenciales de 2011. Es una ficción más que un proyecto: Kirchner no podrá ser candidato ni podrá convertirse en hacedor de presidentes. Las encuestas le son cada vez más hostiles.

La inseguridad le muerde los talones al gobernador. Anduvo ofreciendo el cargo de ministro de Seguridad y lo único que consiguió hasta ahora es debilitarlo a Carlos Stornelli, actual ministro. Testimonios inmejorables aseguran que de algunos ofrecimientos participó, como hombre de consulta de Scioli, Mario Montoto, un ex dirigente montonero y actual empresario próspero vinculado al negocio de la venta de armas, entre otras cosas. El plan de Scioli y de su asesor ad honórem se respaldaría en un acuerdo con la policía bonaerense para establecer qué delitos deberán combatirse. Algunos viejos y conocidos comisarios de la bonaerense ayudaron a escribir ese plan.

El caso de la familia Pomar es patético. La peor de las hipótesis es que las cosas hayan sido como dicen que fueron. La policía no pudo encontrar durante 25 días los cuerpos muertos de cuatro personas víctimas de un accidente. ¿Qué podría esperarse de la policía en casos de víctimas del delito? Gran parte de las confabulaciones que la gente común construye sobre el caso de los Pomar se debe también a la necesidad de que exista una conspiración, porque la verdad, pura y dura, significa una insoportable sensación de indefensión.

Otro caso dramático es el de los desarmaderos de autos, donde van a parar los automóviles robados. Es el delito más frecuente y que más muertes provoca. Los robos son perpetrados por jóvenes que consumen alguna droga. Los desarmaderos pagan 2000 pesos por los autos pequeños y 4000 por los grandes. Nada; ese dinero sólo sirve para el consumo compulsivo de estupefacientes.

La agencia tributaria bonaerense se mueve con fotografías satelitales para descubrir hasta piletas de natación que no fueron declaradas. ¿Por qué no puede servir ese sistema para detectar los desarmaderos? ¿Hay o no hay vocación para cortar con un negocio que está dejando demasiadas muertes, tan injustas como innecesarias?

La presidencia es siempre el tramo final de un proyecto político y de una gestión competente. La excluyente obsesión presidencial es, por el contrario, un camino hacia ninguna parte

domingo, novembro 08, 2009

MARIANO GRONDONA ¿Comenzó la cuenta regresiva o es sólo una ilusión?

En 30 días habrá un nuevo Congreso. Por efecto de las elecciones parlamentarias del 28 de junio, en las que perdió rotundamente el Gobierno, la nueva composición de las cámaras legislativas dejará de favorecerlo a partir del 10 de diciembre. Dos interpretaciones opuestas sobre nuestro futuro inmediato están chocando desde ahora. Alentados por las cifras de junio, los optimistas creen que, a partir de ellas, el kirchnerismo ha iniciado un camino descendente que terminará por alejarlo definitivamente del poder de aquí a dos años, cuando se celebren las elecciones presidenciales. Pero, entre junio y ahora, los Kirchner han demostrado tal capacidad de supervivencia que quizás estarían en condiciones de demostrar en 2011 que, habiendo sido las elecciones parlamentarias sólo un grave tropiezo, todavía están a tiempo de alcanzar su máximo objetivo: retener el poder, por lo pronto, hasta 2015.

¿Cuál de estas dos interpretaciones es la más probable? Cada una de ellas almacena sus propios argumentos. Al día siguiente del 28 de junio, muchos pensaron que la derrota del matrimonio presidencial era inexorable por la sencilla razón, decisiva en una democracia, de que tres de cada cuatro argentinos le habían bajado el pulgar. Una frase en la historia de la Iglesia que ya tiene larga vigencia es Roma locuta,causa finita (" Cuando se pronuncia Roma, la discusión se termina"). En la democracia, "Roma" ha pasado a ser el pueblo porque, ya por afuera del ámbito exclusivamente religioso, "la voz del pueblo es la voz de Dios". Los optimistas suponen en consecuencia que, habiéndose pronunciado categóricamente el pueblo en la histórica jornada del 28 de junio, nada podrán hacer los Kirchner para revertir su veredicto.

Pero el kirchnerismo aún aspira a contradecir a sus opositores con aquellos versos de José Zorrilla que rezan así: "Los muertos que vos matáis gozan de buena salud". Si algunos creyeron que el 28 de junio marcaba el principio del fin del kirchnerismo, ¿se encuentran ahora, entonces, en camino hacia la desilusión? Aun heridos y golpeados, ¿no podrán demostrar todavía los Kirchner, cual si fueran un Lázaro profano, una insólita capacidad de recuperación?

Esquizofrenia

Lo que pasa es que la palabra "democracia" se dice de dos maneras porque, si ella alude en una primera significación al demos , al "pueblo", también alude al "poder", al cratos , que se monta a partir de él. En las democracias bien ordenadas, estas dos expresiones se armonizan de modo tal que el pueblo es, en definitiva, el que manda. Pero en aquellas democracias desordenadas donde aún sobreviven fuertes residuos del autoritarismo del cual provienen, el cratos y el demo s no andan todavía con mismo paso. La transición del autoritarismo ancestral a la democracia plena permite entonces que, al menos por un tiempo, la mayoría donde reside el consenso y la minoría que usufructúa el poder parezcan circular por sendas separadas. Si la esquizofrenia consiste en la disociación de la mente entre dos visiones contrapuestas de la realidad que puede ser más intensa aunque también más pasajera en la pubertad, entonces la democracia argentina, con sus escasos 25 años de edad, todavía la atraviesa.

En el plano del cratos , así, el kirchnerismo sigue manipulando mediante la "caja" una masa de gobernadores, intendentes y legisladores que, sea cual sea su íntima preferencia, se pliegan una y otra vez a la voluntad autoritaria de los Kirchner. Pero en el plano del demos, el kirchnerismo sigue perdiendo con la particularidad de que, cuanto más poder retiene mediante diversas extorsiones, discursos y maniobras, más se aleja de la voluntad de los argentinos. Como lo señaló alguna vez el analista Rosendo Fraga, en los tiempos que corren la esquizofrenia política de la democracia argentina se traduce en esta paradójica fórmula: a más poder, menos consenso. Cuanto más fuerzan el sistema los Kirchner mediante la arrogancia y el hegemonismo, más antipatía recogen porque lo que la gente condena no es simplemente l-a situación económica o social. Esta podría incluso mejorar sin grandes consecuencias porque lo que la gente condena en el matrimonio del poder es, en definitiva, su estilo.

Cuenta la leyenda que, cuando estaba atravesando el desierto acosado por la sed, un caminante se encontró con un mercader que le ofreció de beber. Los ojos del caminante se iluminaron entonces, pero sólo hasta el momento en que el mercader le exigió, como contrapartida, que se convirtiera en su esclavo. En este momento preciso se frustró la transacción porque, apremiado por las circunstancias, el caminante estaba dispuesto a entregarle a su interlocutor todas las cosas que llevaba menos una: la dignidad.

Dos medias verdades

Tanto el optimismo de los opositores como el empecinamiento de los Kirchner no nos sirven como la mejor interpretación que tenemos a mano para predecir el inmediato futuro porque ambos expresan dos medias verdades. Es verdad, de un lado, que el pueblo le ha bajado el pulgar al matrimonio del poder. Pero de ahí no habría que sacar apresuradamente la conclusión de que, con sólo haber perdido el favor del pueblo, los Kirchner están irremediablemente perdidos. Sólo lo estarán, en realidad, si sobre el firme suelo del consenso popular que los sostiene, los opositores se dedican a levantar mediante un esfuerzo compartido y sincero, la catapulta que finalmente los proyectará dentro de la fortaleza del poder de aquí a dos años. Es que, si bien ya están bendecidos por el demos , a los opositores todavía les falta el cratos , la supremacía que sólo adquirirán en las cámaras, las gobernaciones y las intendencias hasta conquistar al fin el premio mayor de la presidencia. Del mismo modo, si los Kirchner no atinan a encontrar el mensaje de simpatía que les llegue a los argentinos de a pie y esa humildad que podría llevarlos a un diálogo auténtico con los que no piensan como ellos, de nada les valdrá agregar nuevas alquimias como las que ya ensayaron en torno del cambio de fecha de la convocatoria electoral, del apoderamiento de los fondos privados de las AFJP, de las candidaturas testimoniales, de la ley de medios audiovisuales o de la "reforma política", porque si no se reconectan con una auténtica mayoría será como si hubieran arado en el mar.

Lo cual quiere decir que, en la medida en que cada uno de los bandos en pugna insista en su visión parcial de la realidad y en su estrategia unilateral, insuficiente, para avanzar por ella, los argentinos asistiremos en el tiempo que viene a un doble fracaso, tanto del Gobierno como de los opositores. Sólo el bando que, reconociendo su propia insuficiencia, se ponga con urgencia a remediarla, llegará al fin deseado. El Gobierno, a perpetuar su poder. La oposición, a restaurar la república democrática. Sin duda, este objetivo es más noble que aquél, pero también hay que decir que la nobleza de los objetivos no garantiza por sí sola el éxito de los que luchan por ellos, ya que lamentablemente la historia está llena de inmerecidos ganadores y de injustos perdedores. Ni el kirchnerismo ni la oposición pueden dormirse por consiguiente en los laureles de su presunta superioridad, aunque sea maquiavélica en aquel y bien intencionada en ésta. La superioridad moral no basta para consumar la victoria de los objetivos superiores como el que sería, en este caso, la plenitud de la república democrática. ¿No advierte acaso el propio Evangelio que los hijos de las tinieblas han probado ser muchas veces más astutos que los hijos de la luz?

JOAQUÍN MORALES SOLÁ Bajo el gobierno de gremialistas y piqueteros

La próxima esquina reserva siempre una sorpresa para los argentinos. Gran parte de la sociedad no pudo, por ejemplo, acceder a los diarios cuando ella quería, sino cuando lo quiso Hugo Moyano. Las cosas están fuera de control en el campo sindical y entre los movimientos piqueteros. Kirchner se ha convertido en un rehén de Moyano y éste hace las veces del arma más letal del ex presidente. La prensa argentina vivió una semana negra por el permanente y violento boicot de Moyano y sus fuerzas de choque. La violencia es un método que los une desde hace mucho tiempo al ex presidente y al líder cegetista.

Kirchner y Moyano tienen también otros intereses convergentes: el ex presidente quiere hacerle sentir al periodismo el peso del amedrentamiento cuando está reunida en Buenos Aires la Sociedad Interamericana de Prensa, la entidad más importante del continente en la defensa de la libertad de expresión. Kirchner comparte con Hugo Chávez, a su vez, un viejo rencor contra la SIP. El ex presidente argentino ya le dedicó descalificaciones y mentiras en otros tiempos.

Chávez y el gobierno argentino promueven ahora, también, una especie de contraasamblea de la SIP; está financiada por Venezuela y auspiciada por todas las agrupaciones kirchneristas conocidas y desconocidas. La SIP, por un lado, y Chávez y Kirchner, por el otro, tienen un disenso: la entidad cree en la libertad de prensa y estos hombres fuertes latinoamericanos la detestan. Esa es la verdad, desnuda y comprobable.

Moyano, por su parte, tiene la obsesión de amontonar más afiliados para su sindicato y de ratificar siempre su descreimiento en la prensa. El líder cegetista obstaculizó durante varios días la libre distribución de los diarios; Kirchner lo aplaudió desde Olivos. ¿Qué mejor pretexto que un supuesto conflicto entre sindicatos para entorpecer el afán real del periodismo? La Constitución protege la libertad de prensa, pero no puede protegerla de los intereses y de las estrategias informales de Moyano, espoleado por Kirchner.

Favores recibidos

Kirchner le pagó esos favores a Moyano antes de recibirlos. El jefe camionero se quedó con el control de más de 1000 millones de pesos de la Administración de Programas Especiales del Ministerio de Salud. Y logró, además, eliminar el tope de los seguros por riesgos de trabajo. Las empresas quedaron a merced de los jueces. En su época, cuando ese sistema rigió, significó una pérdida enorme para el Estado y la quiebra de un tercio de las aseguradoras. Nadie puede asegurar lo imprevisible. Cristina Kirchner debería buscar entre las cosas que firma cuando pregunta por qué las inversiones son tan reticentes con la Argentina.

El último jueves fue un día de furia. Un hombre común debió soportar dos horas de espera en la Panamericana, totalmente cortada por 200 trabajadores en huelga. Poco después, le costó más de una hora llegar hasta Leandro N. Alem al 700, donde está el Ministerio de Trabajo, pero ahí el tránsito ya estaba cortado por otra protesta.

Más tarde se encontró con otros dos cortes: en la Avenida de Mayo, frente al gobierno de la ciudad, y en la avenida 9 de Julio, frente al Ministerio de Desarrollo Social. El servicio de subterráneos no funcionaba. Algunos médicos en situación de rebeldía cortaban también la avenida Callao al 200.

No importa el nombre de ese hombre, pero importa saber que la vida le dio trabajo y familia. Cuando entrevió el último corte, llamó a su esposa por teléfono. Quiero irme de este país - le dijo, suplicando una complicidad-. Estoy cansado de pensar en que una bala asesina puede arruinar nuestra familia y estoy harto de perder el tiempo entre piquetes y huelgas. Este país no tiene arreglo , se desarmó.

La historia es real. Peor: es un diálogo que se reprodujo, con matices diferentes, entre muchísimos argentinos en los últimos días. Después del exilio político y del exilio económico, la Argentina enfrenta la posibilidad de sufrir otro exilio, empujado esta vez por la inseguridad y la anarquía pública. Las imágenes de los últimos días se parecieron bastante a las del caótico 2002; siete años es demasiado tiempo para cualquier paciencia.

Nada de malas noticias

Los Kirchner viven entre helicópteros y aviones, y a ninguno de ellos le gusta recibir malas noticias. Han perdido el contacto, por lo tanto, con la vida cotidiana de los argentinos. Sólo ese aislamiento puede explicar que piqueteros amigos del Gobierno hayan cortado la avenida 9 de Julio en apoyo al kirchnerismo, luego de que esa arteria clave de la ciudad estuviera atascada durante dos días por piqueteros opositores a la administración.

Es la eterna estrategia de Kirchner: ojo por ojo, siempre, no importa el costo social. ¿No fue eso, acaso, lo que hizo cuando se enteró de que la clase media capitalina lo caceroleaba en serio durante el conflicto con el campo? Entonces, ordenó a intendentes bonaerenses y piqueteros amigos que llenaran la Plaza de Mayo. ¿No fue lo mismo que decidió hacer cuando los líderes rurales convocaron a una masiva manifestación en el Monumento de los Españoles? Llamó a una concentración oficialista, el mismo día y a la misma hora, en la plaza del Congreso.

Dos clases de piqueteros

Los piqueteros se dividen ahora en dos grandes grupos: los oficialistas y los antikirchneristas. Los dos tienen líderes que han logrado con esos métodos financiar cómodamente sus actividades políticas.

Los oficialistas reciben, es cierto, otros favores por ventanillas menos transparentes. Pero todos los partidos de izquierda o de ultraizquierda han creado sus propias ramas de piqueteros; las actividades de éstos les permiten recibir contribuciones financieras del Estado.

Hubo un tiempo en que los primeros grupos piqueteros fueron achicándose por obra de dos factores: la bancarización de los subsidios (que esquivaba a los líderes codiciosos) y la caída del desempleo (que le quitó clientela a esos mismos líderes). Sólo quedaron en pie entonces los jefes piqueteros oficialistas, financiados con otros recursos.

Luis D´Elía es buen ejemplo de un jefe piquetero convertido en patrón de una fuerza de choque. Desde el boicot a las empresas Shell y Esso, por orden directa de Néstor Kirchner, hasta la violenta irrupción en la Plaza de Mayo para espantar a los caceroleros de la clase media capitalina, también por indicación del ex presidente, D´Elía pasó de ser un piquetero rebelde a cabecilla de un ejército paraoficialista. Sus interlocutores son el propio ex presidente y el jefe de la SIDE. La policía y la Justicia lo han protegido siempre.

Fue Cristina Kirchner quien se olvidó de aquella política de bancarización de los subsidios sociales cuando anunció un paquete de ayuda para formar cooperativas que beneficiaría a 100.000 desocupados. La bancarización es contraria a la política del oficialismo, que necesita alimentar con recursos frescos a los amigos, sean éstos intendentes o líderes piqueteros.

Memorias del infierno

La reacción previsible de los piqueteros de izquierda y de ultraizquierda (no comprendidos por aquellas filantropías) fue la insurrección en la avenida 9 de Julio. Interminable revuelta. Según Cristina, la culpa fue de la prensa por contar esos tormentos sociales y por quejarse de "los pobres y los negros". Ningún otro presidente democrático tuvo un discurso tan implícitamente racista como el que deslizó la jefa del Estado. Nadie, en síntesis, habló de "negros" como habló ella.

En esas memorias del infierno, la política formal hace sus cosas en el Congreso o en los partidos, pero es la informalidad de la política la que termina gobernando.

Los subterráneos pararon por un enfrentamiento entre camarillas sindicales; no hubo ahí ningún planteo laboral serio. A la ruta Panamericana la corta ahora cualquier delegado gremial que no puede hablar por teléfono con el ministro de Trabajo. Moyano decide cuándo los diarios podrán llegar a la sociedad, mientras les dedica intimidación y violencia a supuestos adversarios que sólo tienen las palabras para defenderse.

El problema es ahora y será también después. Gremialistas y piqueteros están condicionando seriamente la política. ¿Qué próximo presidente podrá enfrentar, sin crisis mediante, semejante trama de intereses y de privilegios creada por el kirchnerismo? Quizás aquel hombre común estaba equivocado: la Argentina tiene arreglo, pero antes deberá dejar atrás la sima que separa a los gobernantes de la realidad

domingo, novembro 01, 2009

MARIANO GRONDONA Hecha la trampa, ¿sólo después se hace la ley?

LA Nacion

Suele decirse que "hecha la ley, hecha la trampa ". Este antiguo refrán refleja un orden de valores. Primero viene la ley, esto es, la pretensión de imponer desde el Estado una iniciativa de bien común; sólo después viene la trampa mediante la cual algún "vivo" o simplemente la realidad se interponen entre la intención honesta, quizás ingenua, del legislador, y el curso de los acontecimientos. Los últimos intentos del kirchnerismo han seguido un camino inverso. Primero el ex presidente concibe la trampa, a la que sólo después envuelve en alguna ley o en algún decreto para presentárselos al Congreso, al que induce a internarse en la minuciosa discusión de sus enredados artículos como si éstos fueran lo que en verdad importa y no el ardid que Kirchner quiere disimular.

Tenemos sobrados ejemplos de esta conducta. Para dar sólo algunos de ellos, cuando el Poder Ejecutivo lanzó la reforma de las AFJP, consiguió que los legisladores se entretuvieran en discutir si la fórmula preferible para los futuros jubilados debería ser el ahorro privado o el sistema estatal del "reparto", y más de un grupo de centroizquierda, en principio opositor, se dedicó a discutir minuciosamente esta disyuntiva ideológica inclinándose al fin por la estatización de los ingentes fondos en juego sin advertir, con buena o mala conciencia, que lo que en verdad quería Kirchner, su "trampa", era apoderarse de estos fondos para utilizarlos después a voluntad.

Otro caso, más reciente, ha sido el ya famoso proyecto de la "ley de medios". La argumentación, el ropaje legal con el que el Gobierno vistió este proyecto, fue la necesidad de montar un sistema de medios audiovisuales, incluida la difusión del fútbol, que abriera los más diversos canales de comunicación a los argentinos en nombre de la libertad. Pero lo que en realidad quería el Gobierno era avanzar en la construcción de su propio monopolio con la excusa de combatir el supuesto monopolio de los medios privados de comunicación. La batalla, que esta vez fue más ardua que en el caso de las AFJP, terminará probablemente en los estrados de la Justicia. No debe olvidarse en este breve recuento la también reciente ley de presupuesto, ante la cual, con el pretexto de obtener la prórroga por un año de sus "superpoderes" para proteger la "gobernabilidad" del país en estos tiempos de transición, el Ejecutivo se aseguró la facultad de disponer por este plazo de un margen de discrecionalidad aún más amplio que el que había obtenido en los años anteriores, al servicio de su hegemónica "caja".

La reforma política

En el caso de la "reforma política", que es el intento más audaz de Kirchner de conservar el poder más allá de 2011, el proyecto que el Ejecutivo acaba de presentar al Congreso alienta la intención de encerrar a la mayoría de las fuerzas políticas opositoras dentro de un brete legal tan estrecho que, de confirmarse, disminuiría drásticamente sus opciones de cara a la próxima elección presidencial.

Esta es la nueva "trampa". Para consumarla, el Gobierno pretende borrar del mapa a los partidos nuevos que se han desarrollado en los últimos tiempos exigiéndoles condiciones prácticamente inalcanzables para la próxima elección presidencial. Esta medida afectaría gravemente las posibilidades de partidos como Pro, de Macri, y el amplio abanico de la centroizquierda. Así es como Kirchner le paga a ésta el temerario apoyo que ella le dio en el Congreso. Al incluir además disposiciones que prohíben la propaganda privada en la campaña electoral, el ex presidente tiene en mente neutralizar efectivamente a Francisco de Narváez para evitar que lo derrote por segunda vez, como ya lo hizo en la provincia de Buenos Aires el 28 de junio. En cuanto al creciente influjo del peronismo no kirchnerista, "federal", la idea del Gobierno sería adelantar las elecciones primarias destinadas a consagrar a los candidatos presidenciales de cada partido al mes de junio de 2010, con la intención de evitar que este otro peronismo disponga del tiempo necesario para competir con él dentro del Partido Justicialista oficial.

Con el objeto de "envolver" esta otra trampa en un nuevo argumento para ingenuos, el Ejecutivo ha recogido en su proyecto la idea, ampliamente compartida, de que nuestro país debiera volver cuanto antes al sistema de las elecciones primarias simultáneas y abiertas para consagrar a los candidatos presidenciales, que rige en las democracias presidenciales bien ordenadas y que nosotros teníamos antes de 2003 hasta que el por entonces presidente Duhalde, turbado por su obsesión antimenemista, dejó al justicialismo y al país sin ellas; provocó así el desorden institucional cuyo gran beneficiario resultó ser el propio Kirchner. El método de las elecciones primarias y abiertas debe ser restablecido, pero no con el inconfesado propósito de convertir a Kirchner en "el caballo del comisario".

Los límites

Una maniobra si se quiere menor ha sido, el jueves último, el lanzamiento presidencial de una iniciativa de ingreso universal para la niñez que por lo pronto no es "universal" porque sólo alcanzará a los hijos de los desocupados o a los que se desempeñan en el sector informal, y que tampoco se procesaría a través de canales institucionales, sino a través de la vasta red clientelística que maneja Kirchner. Pero esta medida, que parecía responder a un anhelo ampliamente compartido como es el de apoyar a la niñez sin recursos, se hizo en realidad para "tapar" el proyecto del ingreso universal a la niñez que había presentado Elisa Carrió, aunque con el propósito inverso de que fuera verdaderamente "universal" y de que discurriera por fuera de los "punteros" políticos, piqueteros y municipales que rodean al Gobierno. Para anunciar su proyecto, la Presidenta usó por enésima vez la cadena oficial de radiocomunicación, apostando a que el consiguiente impacto mediático aventara el mayor peligro que preocupa a los Kirchner: que la oposición termine por arrancarles el bien inapreciable de la iniciativa política. El hecho de que el Poder Ejecutivo haya consignado su proyecto sobre la niñez a un decreto de necesidad y urgencia en lugar de un proyecto de ley muestra a su vez que, a medida que se acerca el 10 de diciembre, cuenta cada vez menos con el Poder Legislativo.

En el curso de su proyectada "reforma política", mientras tanto, el kirchnerismo también pretendió atraer a ese importante segmento de la oposición que es el vasto partido radical, el único capaz de sortear el brete legal de la reforma política que amenaza a los demás partidos. Así fue como Kirchner quiso remedar la alianza peronista-radical de 1993 de la que fue portador el desafortunado Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, cuando aquél logró nada menos que cambiar la Constitución para ponerla al servicio de su ambición reeleccionista.

Está claro que Kirchner encuentra cada día más obstáculos para imponer su hasta ayer omnímoda voluntad. Prueba de ello es que la oposición rechazó en pleno participar de la reunión a la que la había convocado la Presidenta para lanzar el proyecto de la reforma política. Esta noticia, alentadora para todos aquellos que quieren contener a Kirchner, ha sido amortiguada empero por nuevos disensos entre los propios opositores como el que acaba de aflorar entre Duhalde y De Narváez, una noticia preocupante porque, aparte de sus constantes triquiñuelas, Kirchner también abriga el deseo, o la ilusión, de que la oposición no logre asegurar al fin su propia cohesión con un sentido de patriótica grandeza capaz de superar las ambiciones personales.

Pelea entre dos derrotados Por Joaquín Morales Solá

La Nacion

La política se nutre también de imágenes. Falsas imágenes, a veces. Aparecieron los primeros carteles con la candidatura presidencial de Néstor Kirchner para 2011. Un rebaño político y periodístico se embriagó al analizar el suceso por los cuatro costados. Eduardo Duhalde se convenció tanto de la noticia que terminó asegurando que él le ganará la candidatura presidencial peronista a Kirchner. Por fin alguien lo enfrenta al actual mandamás, pareció decir aquella congregación de expertos. Kirchner y Duhalde son, así las cosas, los únicos políticos que ya se han subido a la carrera de las próximas presidenciales.

Los dos están fuera de carrera. Son dos boxeadores vencidos que se siguen insultando en el vestuario, definitivamente lejos del ring. Una seria encuesta muy reciente, que llegó con reserva a importantes despachos de funcionarios y legisladores, informó que tanto Kirchner como Duhalde sólo luchan por no desaparecer hasta de los últimos lugares de la lista de políticos que la sociedad considera. En ambos casos, la imagen negativa supera en más del doble a la positiva. No hay vueltas. Ningún político puede volver de semejante situación social , señaló un reconocido analista de opinión pública.

¿Será candidato Kirchner? Algunos creen que tratará de liderar con su candidatura cierta opinión progresista para incidir en un eventual ballottage del que no participará. Otros, que lo conocen más de cerca, descartan directamente su candidatura. Kirchner no está dispuesto, dicen, a enfrentar lo que sería la tercera derrota consecutiva de su vida. El ex presidente nunca ganó personalmente una elección de importancia nacional. Menem le ganó en 2003 y Francisco de Narváez lo derrotó en 2009. Cristina Kirchner fue quien ganó en las legislativas de 2005 y en las presidenciales de 2007.

Esos conocedores de las covachas del oficialismo aseguran que Kirchner sólo quiere retener poder para los últimos dos años de su esposa. Está seguro de que no le quedaría cerca ni la familia si anunciara un plácido retiro en El Calafate a partir de 2011. Pero, ¿por qué a Lula, a Bachelet o Tabaré Vázquez nadie les discute el poder y, sin embargo, todos saben que se irán muy pronto? Son políticos populares. Gobernaron sin abrir fisuras entre la gente común. La popularidad de ellos es producto de un espontáneo consenso social. Esa podría ser la primera respuesta.

Fue un error habernos desprendido de Lavagna y no haberlo cuidado más a Scioli , lo escucharon decir hace poco al propio Kirchner. Se estaba criticando él mismo porque el kirchnerismo no se preocupó de que la herencia política cayera en manos confiables, aunque no necesariamente propias. Quizá sólo lo hace en breves instantes como relámpagos, pero Kirchner es consciente a veces del límite que le aguarda.

¿Será candidato Duhalde? El propio Duhalde suele describir su desánimo cuando observa el desierto del peronismo. Nada se mueve. Los candidatos presidenciales se amontonan, pero no hay un candidato potente en su partido. Confió en Carlos Reutemann, pero Reutemann no sabe aún si disputará en 2011 la presidencia o la gobernación de Santa Fe. Se reunió con Felipe Solá y lo alentó, como alienta a todo el mundo. Hizo lo mismo con el gobernador salteño, Urtubey, pero reconoce que a éste le falta instalación nacional. Lo llamó a Alberto Fernández y lo exhortó a seguir trabajando por la candidatura de Urtubey. Punto. Mucho más no puede hacer.

Duhalde cambió de opinión en 45 días. Antes aseguraba que no volvería a ser candidato a presidente, tal vez porque es el único político que acepta el resultado de las encuestas. Sus malas mediciones las atribuye, eso sí, a la intensa campaña de desgaste que le propinó el kirchnerismo durante seis años. Soy el único político al que la sociedad valoraba más cuando era presidente que cuando no es nada , suele ironizar. Pero cambió cuando entrevió que nadie en el peronismo está en condiciones de demarcarle el poder a Kirchner. Quiere movilizar a los peronistas de nuevo, llegar hasta donde están los pobres, arrebatárselos a Kirchner y construir una alternativa al kirchnerismo. Ese es el plan que esconde detrás del pavoneo presidencial.

Ninguno de los dos se bajará fácilmente. También eso es cierto. El rencor mutuo los une. Ni Kirchner quiere que Duhalde vuelva a la presidencia ni Duhalde quiere que Kirchner retenga el poder después de 2011. Ellos son los primeros confundidos por las falsas imágenes. Pero los dos saben, también, que el límite de la política, de cualquier política, es la opinión social, con la que ellos no cuentan. Juegan a que juegan, aunque ambos conservan la esperanza, insignificante y famélica, de que se les abra en medio del juego la fantástica oportunidad de volver.

Las encuestas nacionales colocan claramente a Julio Cobos, a Mauricio Macri y a Reutemann como las figuras más populares del país. Los tres están cerca en un primer pelotón. En un cercano segundo grupo están Elisa Carrió y Hermes Binner. Según distintas mediciones, De Narváez integra, en algunas, la primera cuadrilla y, en otras, la segunda. Kirchner y Duhalde no figuran en esas listas de asistidos por la simpatía social y, sin embargo, la política sólo habla de ellos.

Cobos cree que será el próximo presidente elegido del país. Tiene argumentos para esa ilusión. Pero tiene también un problema: su nombre desaparece cuando cobran protagonismo los dirigentes opositores. La ausencia es una mala noticia para los políticos con ambiciones. Cobos es el vicepresidente de la Nación y su cargo conlleva responsabilidades institucionales ineludibles. ¿Cuándo renunciará para meterse de lleno en la competencia electoral? El riesgo es, en ese caso, que la notoriedad desaparezca junto con el iridiscente cargo.

Elisa Carrió recibió mejor de lo previsto el proyecto de reforma política, aunque más no fuere por las internas abiertas y obligatorias. En esas condiciones, está dispuesta a disputar con Cobos dentro del radicalismo. No lo haría en otro escenario: teme que la estructura del radicalismo se vuelque en masa a Cobos en una interna cerrada.

Carrió quiere reformar aquel proyecto del Gobierno hasta extraerle la médula de la intención (o de la mala intención) kirchnerista. Reformar la reforma le permitiría además, deduce, enlazar a la izquierda en un proyecto más ambicioso: conseguir que el actual Congreso prorrogue las sesiones ordinarias. Si este Congreso no lo hace, después del 30 de noviembre sólo el Ejecutivo podrá llamar a sesiones extraordinarias. No lo hará.

¿La dejarán a Carrió? Tendrá que convencer a algunos radicales: La prioridad es preservar la unidad de la oposición en momentos de extrema resistencia. Hay que rechazar de plano ese proyecto , adelantó a título personal Oscar Aguad, jefe de los diputados radicales. Los radicales con poder parlamentario no quieren ningún acercamiento con el Gobierno porque, simplemente, sería un pésimo negocio político.

Macri nunca dice que será candidato presidencial; esos anuncios corren por cuenta de sus dirigentes más cercanos, voceros inconfundibles del jefe capitalino. Queremos ganar y con Kirchner perderemos. ¿Por qué no te presentas vos? , lo incitan algunos intendentes peronistas del conurbano. Macri sabe de la danzarina lealtad de esos barones. Toma sus recaudos. Ya estuvo en Mendoza y en La Pampa cumpliendo un plan visiblemente presidencial. Macri detesta el proyecto de reforma política del Gobierno. Por lo menos en una idea lo asiste la razón: un sistema bipartidista no se crea por ley; será la conclusión de anhelos sociales o nunca existirá.

De Narváez está pensando si no sería mejor para él meterse en el peronismo y desafiarlos a Kirchner y a Duhalde juntos. Es el que más reparos políticos e institucionales le ha puesto al proyecto reformista del Gobierno. El Gobierno manejará todo, la publicidad y la elección. ¿Quién podría confiar en un sistema electoral así? , se desespera. Binner no tendrá otra salida que buscar un rol para él en las próximas elecciones nacionales; deberá ayudar a conservar Santa Fe para los socialistas, donde tiene vedada la posibilidad de su reelección. Sólo Reutemann es una incógnita; no le ha dicho nada a nadie sobre su proyecto esencial.

El destino les pertenece más a ellos (o a alguno de ellos) que a Kirchner o a Duhalde. Duhalde es el único que parece dispuesto a desafiarlo a Kirchner en el terreno que éste elija. Duhalde acordó con Kirchner, porque no cuestionó la reforma y la aceptó de hecho , desliza la natural paranoia de la política. Tranquilos. No pasa nada. O sólo pasa que la obsesión del odio se parece demasiado a la del amor.

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