domingo, agosto 30, 2009

JOAQUÍN MORALES SOLÁ Los Kirchner y una apuesta a todo o nada

LA NACION

Jugar a todo o nada. Esa es la estrategia que Néstor Kirchner anunció ante los parroquianos de Olivos. El ex presidente ya anda por el poder sólo con lo muy poco que lleva puesto, pero ha decidido apostar como lo hacen los jugadores compulsivos. En el fondo, su proyecto no es otra cosa que su futura candidatura presidencial en nombre de un progresismo marginal e indocumentado. El momento de esa competencia lo fijará él mismo, aun cuando haya perdido hasta la ropa. Esa transición desconocida en sus términos conlleva una pregunta que carece de respuesta: ¿cuánto daño está todavía en condiciones de hacer el kirchnerismo hasta alcanzar esas pobres metas personales?

En la noche del miércoles último, en la inclemente Tres de Febrero, Kirchner les pidió ayuda a varios intendentes del conurbano para librar dos batallas que calificó como fundamentales: contra el campo y contra los medios de comunicación. Kirchner recurre a los barones peronistas del conurbano como si éstos tuvieran la solución para todos sus males. Los barones están cansados de Kirchner. El enclenque líder político sólo les habla; ya no pregunta ni escucha. La relación de los intendentes con el ex presidente es más fría que tibia. El ex presidente les cuenta historias de derrotas que los otros conocen mejor que él, tanto en su descripción como en su análisis. Néstor no se resigna a que la gente ya no lo quiere , dijo uno de esos barones con inmejorable capacidad de síntesis.

Kirchner insiste. Es el más pejotista de los presidentes peronistas de los últimos 25 años. Extrañamente,pejotismo fue un neologismo que inventó el propio Kirchner para subestimar la influencia de las estructuras partidarias. Carlos Menem elaboró en su momento un contrato implícito con otros sectores sociales, y a Eduardo Duhalde le gustaba seducir también a Oscar Alende o a dirigentes empresarios de su provincia. Duhalde era el jefe de los barones del conurbano, pero nunca se paseaba con ellos por las pasarelas de la política.

La relación entre los Kirchner y la oposición está hecha trizas. Los líderes radicales y socialistas que hablaron con Florencio Randazzo, en el marco de un diálogo arruinado, tuvieron un encuentro muy secreto pocos días después con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. El diálogo será conmigo. Lo otro fue para la foto , los desayunó el ministro, entre las sombras. Los interlocutores de la oposición le pidieron pruebas de esos poderíos. Va una: Guillermo Moreno se irá del Gobierno en 20 días , les aseguró Aníbal Fernández. Han pasado casi dos meses y Moreno tiene ahora más poder que el que tenía entonces.

¿Hasta dónde llegarán en esa carrera de huracanes y de inmolaciones? Es probable que radicales y socialistas traten de convencer a los demás opositores para que la oposición no asista a ninguna reunión parlamentaria por la ley de radiodifusión. Ni en las comisiones ni en los recintos. Deberá existir una foto donde estarán los que hayan estado, incluidos los aliados de centroizquierda del Gobierno , dijeron. En una medida menor y parcial, esa reacción se parece mucho a la de la oposición al chavismo venezolano, que directamente decidió no presentarse a elecciones.

La Corte Suprema de Justicia empieza a ser vista ya con cierto reproche por algunos sectores de la oposición. El jefe del bloque de senadores radicales, Ernesto Sanz, le reclamó públicamente al tribunal que se pronuncie, por ejemplo, sobre los decretos de necesidad y urgencia. ¿Son esas medidas constitucionalmente excepcionales o habituales? Hay algunos casos sobre esos decretos que ya están en manos del máximo tribunal del país. No es un reclamo desinteresado. La oposición cree que el kirchnerismo gobernará a partir del 10 de diciembre, cuando haya perdido la mayoría parlamentaria, a través del veto presidencial y de los decretos de necesidad y urgencia. Sería la virtual clausura de un Congreso indócil. Urge que la Corte fije un criterio de equilibrio institucional , sostiene Sanz.

Kirchner quiere irse, si se tiene que ir, con la bandera de que lo echaron la "presión mediática", el " poolsojero" o "el poder económico concentrado". El proyecto de ley de radiodifusión estremeció de inquietud hasta a los dueños de las radios FM de los pueblos más remotos del interior. No saben quién será el próximo. Cristina Kirchner está más convencida que su marido de que esa batalla debe suceder. Lo dice en la intimidad y hasta acusa a su esposo de haber sido tibio y negociador en sus años de poder. Es ahora una Juana de Arco que se alzó en armas no en defensa de una nación, sino de una facción.

Su esposo es el único candidato presidencial que existe, más por lo que hace que por lo que dice. Su proyecto consiste en convertirse en el referente de un progresismo de suburbio que quedaría huérfano con candidatos como Julio Cobos, Carlos Reutemann, Mauricio Macri, Daniel Scioli o Felipe Solá. El momento de la retirada lo decidirá también el matrimonio presidencial, porque prefiere a sus opositores en el actual estado de desnudez. Todos ellos están en la lenta construcción de alternativas electorales que todavía carecen de candidatos y de programas.

El combate con el campo es crucial en ese mapa de la guerra incesante. Néstor Roulet, vicepresidente de CRA, nunca dijo lo que le hicieron decir en los fundamentos del decreto que vetó las exenciones del pago de retenciones a los productores de las zonas afectadas por la sequía. En una mesa de café, conversando entre chacareros, Roulet dijo irónicamente que ellos tendrían que sembrar en las zonas eximidas de retenciones. Un periodista lo escuchaba en una mesa vecina y publicó que Roulet había propuesto que la comercialización de toda la soja se hiciera por esos lugares exceptuados. Una ironía se convirtió entonces en la incitación a un delito. Sea como sea, la frase escrita por aquel periodista y publicada por un diario fue un argumento duro y formal del decreto que vetó las exenciones. El Gobierno usa trozos de escombros cuando se queda sin municiones.

No sabemos hasta cuándo podremos contener a la gente para que no vaya a las rutas , vaciló uno de los cuatro dirigentes de la Comisión de Enlace. La bronca y la decepción de los productores son cada vez más grandes. La sequía sigue devastando importantes zonas rurales. Las vacas se mueren de sed y de hambre. El Gobierno no tiene la culpa de que no llueva, pero es visiblemente insensible. El veto presidencial a las exenciones fue el mensaje más claro de indiferencia y porfía hacia los productores rurales.

Aníbal Fernández se quedó con María del Carmen Alarcón, a la que puso a cargo de la relación con el ruralismo. No hizo una hazaña: Alarcón empezó cerca de Carlos Reutemann, luego se pasó al Pro, más tarde recaló en el socialismo de Hermes Binner y ahora desembarcó en el kirchnerismo. La faena del ministro fue un arrebato callejero más que una cooptación. Fernández hizo trascender que había tomado a Alarcón para tenderles un puente a las entidades rurales, pero éstas creen que fue otra medida de ofensa hacia ellas. Después del turismo político de Alarcón, las entidades decidieron, hace rato ya, bajarla de todos palcos del ruralismo. Alarcón nunca se los perdonó y los cuatro principales líderes rurales nunca se olvidaron de ella.

Nadie está seguro en la Argentina de los Kirchner. Las empresas productoras de energía creen que ellas podrían ser el próximo objetivo del terco cazador si prosperara la ley de radiodifusión. En Santa Cruz, un gobernador convertido en fanático líder obrero resolvió sin neutralidad una huelga de trabajadores petroleros de casi tres semanas. Kirchner no se opuso. ¿El principio de otra encerrona? Nadie lo sabe. Kirchner no tiene mucho, pero lo poco que tiene está dispuesto a jugarlo, en efecto, a todo o nada.